Por: Tatiana Acevedo Guerrero

Nuevos tiempos, nuevos discursos

“TODO ES MUDABLE Y PASAJERO, con excepción de la patria, que nunca muere, ni se acaba, ni perece”, “Política y economía: dos palancas de cambio”, “No hay democracia si no se entiende la Nación como una misión colectiva”.

Y más, fueron las frases de letrados conservadores como Manuel Serrano Blanco, grandes constructores de Estado de la talla de Carlos Lleras Restrepo y transgresores liberales como Luis Carlos Galán, quienes dedicaron gran parte de sus vidas a escribir, corregir y memorizar sendos discursos.

De un tiempo para acá, sin embargo, la oratoria no pasa por su mejor momento. El hastío con las peroratas pomposas y acartonadas de antaño, la desconfianza en las promesas vacías de megáfono y, principalmente, el advenimiento de una propaganda política televisiva rápida y visual, pueden explicarlo. Pero también obedece a la pereza. E incluso a la mediocridad del personal político, entre cuyas prioridades dejó de figurar la oratoria inteligente, acaso estimulante.

Salvo contadas excepciones, los congresistas acuden a debates con poca preparación,  sin pasión ni argumentos. Desde Luis Alfredo Ramos hasta Dilian Francisca, los últimos presidentes del Congreso no han maravillado a nadie con sus sosas alocuciones, tan descuidadas en su forma como obvias en su contenido.

En los cinco primeros segundos de su intervención, el pasado sábado, Armando Benedetti pronunció ocho veces la palabra “desigualdad” antes de enfrascarse en insondables trabalenguas del estilo: “La democracia tomada en serio es el ciudadano tomado en serio. El poder no puede mentirle al ciudadano. El ciudadano es la única posibilidad de la democracia”. ¿Por qué no usar, si en estas estamos, un diccionario de sinónimos?

Ante el vacío de palabras que reina en el Parlamento, nuestra generación tendrá como único orador de oradores al ex presidente Uribe, quien con su marcado acento machista (“sea varón”, “le doy en la cara”, etc.) y sus reiteradas amenazas, descalificaciones y bucólicas metáforas, dijo lo que una buena cantidad de colombianos quería escuchar.

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