Por: Patricia Lara Salive

O se hace política, o se hacen negocios

MI PADRE, UN INDUSTRIAL HIJO DE un pionero de la construcción de empresa en Colombia, quien con su papá y sus dos hermanos fundó una de las compañías más importantes de su época, acostumbraba reunirse en familia en prolongadas sobre mesas durante las cuales recibí las enseñanzas más significativas de mi vida.

Recuerdo que en varias de ellas lo escuché contar que, en una oportunidad, cuando su hermano menor se interesó por la política, su padre le llamó la atención:

—Usted tiene que decidir —le dijo el viejo— si se dedica a la política o a los negocios, porque las dos cosas no pueden hacerse al mismo tiempo.

Entonces el hijo menor enterró su intención de lanzarse a la política y se empleó de lleno en hacer crecer los negocios que tenía con sus hermanos y con su papá.

Esta anécdota personal la traigo a cuento a propósito del escándalo suscitado por el destape que en su columna de la revista Semana hizo ese valiente periodista que es Daniel Coronell, del maravilloso negocio de finca raíz que están en trance de realizar en Mosquera los hijos del Presidente y algunos otros parientes suyos.

El negocio es perfecto: consistió en tener el ojo para comprarle a Bavaria un gran terreno de expansión industrial, cuya subdivisión en lotes más pequeños fue autorizada después por el alcalde de Mosquera, quien también reglamentó el uso industrial de la zona e, incluso, con seguridad, más tarde estuvo de acuerdo en que una sociedad de sus hijos y hermanos le comprara uno de esos lotes, a muy buen precio, a la sociedad en la que participan los hijos del Presidente, quienes a juzgar por el fogueo periodístico al que se sometieron en la W Radio, tienen la inteligencia de su padre, en su caso dirigida no a consolidarse en la política, sino en los negocios.

Posteriormente, la Comisión Intersectorial de Zonas Francas, en la que participan dos ministros, los directores de la DIAN y de Planeación y una consejera presidencial, autorizó la creación de la Zona Franca de Occidente, y la DIAN la aprobó. Todo eso benefició al terreno en cuestión y facilitará que, en un futuro, esos lotes se vendan a un precio mucho mayor. ¡Negocio redondo! Hasta ahí, sólo habría que investigar la actuación del alcalde de Mosquera, pues los hijos del Presidente dicen que ellos no hicieron gestiones ante los funcionarios de su padre y el Ministro de Comercio Exterior afirma que él no sabía que detrás de ese negocio estuvieran los hijos de Uribe.

Pero el problema es que sí lo están y que, aun cuando no gestionen ante entidades públicas, lo probable es que los subalternos del padre, salvo el Ministro de Comercio, sepan que los hijos del jefe están detrás de determinado negocio. Sin embargo, como aquí los valores dieron la voltereta (una encuesta del Centro Nacional de Consultoría para CM& indica que el 70% del país cree que al declarar el lote zona franca hubo favoritismo hacia los hijos del Presidente pero, simultáneamente, el 92% piensa que ellos tienen derecho a hacer sus propios negocios), con seguridad nada pasará: la popularidad de Uribe no sufrirá y su ímpetu reeleccionista seguirá intacto, a pesar de que, como le respondió al ex presidente Carter a propósito de su intención de reelegirse, él esté convenciendo a su alma “para no hacerlo”.

¡Qué lejanos están esos tiempos en que un padre le prohibía a su prole que mezclara los negocios y la política, y en que los hijos le obedecían!

 

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