Obama: el cambio

ESTA SEMANA QUE TERMINA NOS muestra, sin lugar a dudas, al que debería ser el próximo Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, si logra satisfacer las expectativas de poder de los Clinton —que disfrazan como la defensa de los más de 18 millones de seguidores comprobados que tiene Hillary—, si consigue un muy buen vicepresidente y neutraliza con su promesa de cambio la experiencia de su adversario republicano John McCain.

Cuando escribo esta nota hay anuncios de que Hillary escogió el viernes (ayer) para deponer su candidatura y ofrecer su apoyo a Obama en nombre de la unión del partido. También se habla de que ella quiere la vicepresidencia, lo que haría del Partido Demócrata una verdadera aplanadora que desaparecería a los republicanos del poder por varios lustros; sin embargo, no será fácil esa conciliación, porque los obamistas se oponen con fuerza y esgrimen como razón, además de la campaña sucia que ella mantuvo contra Obama, el que su promesa electoral contradice en lo fundamental el cambio que éste mantiene como bandera.

Obama, negro, guapo, brillante, con un discurso político académico, pero conmovedor, arrollador con su forma pausada y humilde de recibir los resultados que lo convirtieron en el candidato demócrata, también ha sido el único personaje nacional con la fuerza suficiente para despertar en los jóvenes la esperanza y los sueños, dormidos desde John Kennedy. Lo confirma la masiva inscripción de menores de 24 años para votar por primera vez y que, con exclusión de la tercera edad, los hispanos, los trabajadores sin educación universitaria y las mujeres, toda la población demócrata está con él, aunque hay estados como Florida, Ohio, Texas y Pensilvania donde el acompañamiento de Clinton será indispensable.

Los resultados de Montana y Minnessota, que fueron los que le dieron el triunfo a Obama, levantaron un verdadero pandemónium en los programas de opinión y en las noticias de la semana de este país, donde hasta hace muy, pero muy poco, era inconcebible la idea de un afrodescendiente o una mujer ocupando la Casa Blanca y se han presentado las dos situaciones al mismo tiempo. ¿Qué es lo que quiere ella? Una cuota de poder que corresponda a la hazaña colosal que logró como mujer durante estas primarias, algo nunca visto antes en los Estados Unidos. El candidato republicano John McCain afirma que es un fenómeno mediático que se desinflará antes de noviembre, cuando son las elecciones, y juega a ensalzar a Hillary seguro que en busca de fortalecer la soberbia e indecente actitud de ella al no reconocer el miércoles pasado que Obama ganó y ella perdió.

Sin embargo, Barak Obama reconoció la larga vida al servicio del país de McCain, rindió homenaje de respeto y admiración a Hillary y expuso la visión que tiene de lo que debe ser el cambio de la política interna y externa de los Estados Unidos, que es una perspectiva incluyente y pacífica para el mundo y de equidad y recuperación de la economía y los valores para sus conciudadanos. Sin embargo, muchos sentimos el mismo temor: ¿los votantes depositarán ese voto por un negro, en un país tan racista, excluyente y chauvinista? ¿Lo dejarán vivir los extremistas que no lograron detener esa carrera y se consideraron insultados por su presencia en las primarias? Si mataron a dos Kennedy y a Martin Luther King y Malcom X… difícil no pensar en que la barbarie podría repetirse.

[email protected]

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Sin nombre

El discurso de Obama

La colonialidad digital

El contraste

La obsesión de Trump con Obama

Cuba-USA: ¿Retroceso o distractor?