Por: Rafael Orduz

Obama: ¿léxico y significado nuevos?

A CIEN DÍAS DE POSESIÓN DE OBA- ma hay vientos frescos, que quizá no sólo contribuyan a legitimar el papel de los Estados Unidos en el mundo, sino a airear el clima polarizado de la política local.

Aunque casi todos los presidentes del norte han disfrutado la luna de miel con la opinión, los mensajes de Obama anuncian cambios que el mundo clama.

El cierre de Guantánamo y la publicación de memos acerca de ciertas técnicas de interrogatorio, así como el señalamiento de tortura en vez del eufemismo de la “asfixia simulada”, ponen sobre el tapete los Derechos Humanos como prioridad. Los argumentos de Cheney, ex vice de Bush, ex presidente de Halliburton, una de las empresas beneficiarias de la invasión a Irak, no pueden hacer mejor contraste: las técnicas permitieron recaudo de información (aunque después del reconocimiento de la ausencia de armas de destrucción masiva en Irak, las neuronas  de la inteligencia resultaron mal calificadas).

Queda abierta la puerta al juicio a quienes ordenaron y ejecutaron torturas, y a los abogados que les dieron sustento legal.

¿Significa algo para nuestra querida patria? Por supuesto. Aquí también se utilizan eufemismos, casi de trámite de oficina, como el de los “falsos positivos”, para referirse a brutales ejecuciones extrajudiciales. También se pensó que la Corte encarnaba amenaza de destrucción masiva, frente a la que un acucioso director de inteligencia y ex diplomático organizó lo que correspondía. De una gravedad de la que pocos se dan cuenta, los temas están en la agenda de la relación con Colombia, incluida la discusión del TLC. No hay servilleta que valga.

Acá, también, los asesinatos de los Awá son, para los perpetradores, simples muertes y no viles asesinatos, y los atroces secuestros, “retenciones”.

El lenguaje no polarizante, incluyente, de Obama, choca a las mentes en blanco y negro. Hace tan sólo dos años Bush veía emerger el “Tercer Despertar”, una devoción religiosa alrededor de la cruzada del bien contra el mal, en la que el diablo encarna de terrorista (el primer despertar fervoroso ocurrió en las colonias inglesas en Norte América entre 1730 y 1760; el segundo, en 1800). Nada distinto al discurso de los talibanes, guardianes del bien en contra de los infieles.

La selección de México y Brasil (por razones de seguridad, el primero, y de estrategia energética, el segundo) como aliados clave, la autocrítica a la política frente a Cuba, la aparente distensión con Chávez, la revisión del énfasis en la política antidrogas, afectarán los discursos locales.

Finalmente, un detalle que se olvida. A lo largo de la década, congresistas de los EE.UU. han enviado a nuestras altas instancias comunicaciones en las que han manifestado serias preocupaciones y reparos en materia de DD.HH., Plan Colombia, y proyectos de ley varios (Justicia y Paz). Solían estar encabezadas por la firma de un senador de apellido Biden, actual vicepresidente de los EE.UU.

 

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