Por: Hernán González Rodríguez

Obama y el libre comercio

El presidente Obama, en su tradicional discurso sobre el Estado de la Unión, prometió frenar, en especial, el crecimiento de la desigualdad y recuperar el ‘sueño americano’ de los estadounidenses.

Para lograrlo anunció en su alocución que utilizaría el ‘fast track authority’, o sea, un poder que le concede la ley para determinar el contenido de los acuerdos comerciales, sin darle oportunidad al Congreso para que le discuta y dilate su Alianza Transpacífica con 12 naciones, tanto de Latinoamérica como de Asia.

Los críticos de esta ‘autoridad rápida’ consideran que la Alianza aludida y la reducción de las desigualdades marchan en contravía, porque, curiosamente, al cumplirse en enero de 2014 los 20 años del Tratado de Libre Comercio de Norte América -Nafta-, por medio del cual se eliminaron las barreras arancelarias con México y Canadá. El balance para los Estados Unidos no resulta halagador.

El exrepresentante demócrata por Michigan David E. Bonior y ponente del Nafta, presentó en el diario The New York Times el negativo balance para Estados Unidos que resumo a continuación.

“En 1993, el año anterior a la firma del Nafta, Estados Unidos registró una balanza comercial positiva de 2.500 millones de dólares con México y un déficit de 29.000 con Canadá. En 2012, el déficit combinado del Nafta ascendía a $181.000 millones de dólares, a pesar de que Estados Unidos redujo las importaciones de petróleo de ambos países en 2012. Grandes industrias manufactureras como G.E. Caterpillar y Chrysler prometieron crear nuevos empleos en su país. Pero resultaron despidiendo estadounidenses y trasladando su producción a México”.

“Según el Departamento del Trabajo y como resultado del Nafta -continúa nuestra autorizada fuente- más de 845.000 trabajadores de clase media de Estados Unidos han perdido sus empleos como consecuencia del traslado de sus empresas para producir en México y Canadá y exportar a los Estados Unidos”.

Lo anterior es parte de la historia, porque los miles de trabajadores desplazados, al migrar sus industrias, se ofrecieron en el mercado laboral estadounidense para competir por empleos que demandan pocos conocimientos y destrezas, como servicios de alimentación, hospitales… con lo cual se produjo una disminución de los salarios en dichos sectores.

“Los defensores de los pactos tipo Nafta los justifican con el argumento de que los trabajadores pueden comprar bienes importados más baratos. Pero el Centro de Investigaciones Económicas y Políticas del tío Sam, encontró que los trabajadores sin bachillerato habían perdido más del 12% de sus salarios. Se les incrementaron las desigualdades”.

Este artículo entraña una voz de alerta para Colombia, porque no espero que por acá vengan las Carterpillars y la Chryslers a montar plantas. Pero sí resulta muy posible que nos eleven las trabas para aprovechar nuestro desaprovechado TLC con los Estados Unidos o con la futura Alianza Transpacífica en aras de reducir las desigualdades.

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