Por: Juan David Ochoa

Objeciones de la culpa

El día de la impostura pública llegaría. Iván Duque Márquez pronunció su primera alocución sin las mentiras retóricas de una estrategia de comunicación efectiva pero temporal, sin las metáforas de sus promesas imposibles y sin la máscara jovial de un espíritu moderado. El día en que debía revelar los intereses reales de su presidencia impuesta lo protagonizó sin nervios. Su primera acción práctica debía ser precisamente esa: lanzar a la Justicia Especial para la paz a un abismo de burocracia sin fin que les extendiera el tiempo de obra y manejo para continuar destruyendo la posibilidad de la verdad abierta y el juicio contra los nombres que siguen queriendo ocultar y defender aunque se caiga el mundo. La objeción por inconveniencia de seis puntos de la ley estatutaria de la JEP no es más que un eufemismo que opaca la dimensión real de sus efectos: la destrucción progresiva de los pilares del acuerdo y el futuro incierto entre las discusiones eternas de un congreso siempre obediente de las coimas y los pactos secretos.

La estrategia de saboteo y dilatación tiene todas las formas de una diplomacia con buenas intenciones: una política exterior a cargo del amable mentiroso Carlos Holmes Trujillo, quien ha hecho una gira previa explicando las intenciones del gobierno en mejorar detalles del acuerdo para una paz práctica, contrarrestando el espanto de la comunidad internacional contra el saboteo a un acuerdo ya celebrado por el mundo y adaptando el discurso de destrucción a un lenguaje de ajustes técnicos por humanismo y consideración a las víctimas; un argumento sucio que las revictimiza sobre los insultos acostumbrados del partido cuando las ha reducido a ser aliados secretos de la subversión o en su defecto a un grupúsculo de quejumbrosos a sueldo. Fueron justamente las víctimas quienes acompañaron el dialogo en La Habana de principio a fin y respaldaron el acuerdo final con la esperanza de un pragmatismo confiable. Para mayor efectividad y distracción cuentan con los atentados oficiales de un Fiscal de bolsillo que ha preparado la atmósfera perfecta del desprestigio con operativos forzados para sustentar la teoría de una justicia alternativa con fisuras imperdonables, todo proveniente del fiscal más desprestigiado y decadente de la historia.

La primera alocución real del presidente advenedizo desconoce un fallo de la Corte Constitucional y se declara sublevado al sustento del Estado de Derecho, una primera demostración peligrosa de los alcances a los que están dispuestos en la angustia ante la incriminación de la historia. Tienen nuevamente otras razones para que el tiempo continúe detenido entre el hedor del odio que saben capitalizar muy bien por ser su único recurso político. Harán de esta nueva distracción un nuevo boicot para que todo naufrague entre las vaguedades de la incompetencia política y la bajeza mental, y una vez más puedan usar los muertos como argumento emocional para alcanzar los principales bastiones electorales en las regiones donde ellos mismos, los ideólogos y defensores del desastre, siguen convenciéndolos que son los pacificadores definitivos, los humanistas y los que les devolverán la esperanza y la posibilidad de otro futuro.

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