Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Objetivos de desarrollo sostenible: inalcanzables

EN EL AÑO 2000, LA ORGANIZACIÓN de Naciones Unidas (ONU) se propuso alcanzar para el 2015 los llamados Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM).

Fueron ocho objetivos de desarrollo humano que incluían pobreza, educación, género, infancia, salud y medio ambiente, a cuya búsqueda se comprometieron todos los países miembros. Según cada país, su aproximación fue muy distinta.

Durante la reunión ONU denominada Rio+20, realizada 20 años después (2012) de la Conferencia sobre Desarrollo Sostenible, se propusieron, por iniciativa de Colombia y Guatemala y aprendiendo del ejercicio de las ODM, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), buscando acuerdos globales con un enfoque más concreto que permita medir, según las prioridades de cada país, los avances y los cuellos de botella en los esfuerzos por equilibrar el crecimiento socioeconómico con el uso sostenible de los recursos naturales y la conservación de los servicios ecosistémicos. Se pretende un compromiso político global con el desarrollo sostenible. A diferencia de los ODM, que solo se aplicaban a los países en desarrollo, los ODS comprometen a todos los países, ricos y pobres. La propuesta fue acogida y se inició el trabajo para su definición y pensando en la construcción de un acuerdo durante la Asamblea General de ONU en Nueva York en septiembre de este año.

Hoy, los temas propuestos incluyen: erradicar la pobreza; poner fin al hambre, conseguir la seguridad alimentaria y una mejor nutrición, y promover la agricultura sostenible; garantizar una vida saludable y promover el bienestar para todos; garantizar una educación de calidad inclusiva y equitativa, y promover las oportunidades de aprendizaje; alcanzar la igualdad entre los géneros; garantizar la disponibilidad y la gestión sostenible del agua y el saneamiento; asegurar el acceso a energías sostenibles y modernas; fomentar el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo, y el trabajo decente; desarrollar infraestructuras resilientes, promover la industrialización inclusiva y sostenible, y fomentar la innovación; reducir las desigualdades entre países y dentro de ellos; conseguir que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles; impulsar pautas de consumo y producción sostenibles; tomar medidas efectivas para combatir el cambio climático y sus efectos; conservar y utilizar de forma sostenible los océanos, mares y recursos marinos; proteger, restaurar y promover la utilización sostenible de los ecosistemas terrestres, de los bosques, combatir la desertificación y detener y revertir la degradación de la tierra, y frenar la pérdida de diversidad biológica; promover sociedades pacíficas e inclusivas para el desarrollo sostenible, facilitar acceso a la justicia y crear instituciones eficaces, responsables e inclusivas a todos los niveles, y fortalecer una alianza mundial para el desarrollo sostenible.

Todo en los ODS es importante; hay que priorizar. Quizá, dado lo que estamos viviendo, debemos empezar por promover sociedades pacíficas e inclusivas para el desarrollo sostenible, con prioridad en el manejo del agua, la agricultura sostenible y las medidas de adaptación al cambio climático, impulsando comportamientos de producción y consumo sostenibles. El país tiene la palabra y debemos actuar, el Plan Nacional de Desarrollo establece unas prioridades ante las cuales debemos manifestarnos.

 

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