Por: José Fernando Isaza

Objetos y oficios cambiantes

Un análisis de prospectiva encontró que el oficio más demandado para los países desarrollados en 2030 no es la ingeniería, ni la medicina; el empleo más requerido será el de cuidar personas de edad avanzada.

En este oficio, las economías de escala y los avances tecnológicos poco modifican la productividad; la inversión de la pirámide poblacional hace obvio el resultado.

La velocidad de las comunicaciones (excepto las de un celular en Colombia), unidas a la reducción de precios, acabaron con los radioaficionados, especialistas en llevar y traer información y buscar perdidos de cualquier parte del mundo.

Los vestidos de paño eran muy costosos con relación al ingreso; en el siglo XIX se heredaban por testamento. Debían repararse las roturas. Hoy, sólo en algunos conventos se arregla una desgarradura del vestido. La posguerra popularizó las medias de nylon; una forma de obtener ingresos era “coger el punto”, utilizando una bombilla fundida o un pequeño calabazo.

Hoy existe un bien remunerado trabajo: el paseador de perros. Quienes dudan de la posibilidad de coexistencia pacífica deben mirar la diversidad de razas que pasean simultáneamente.

El afilador de cuchillos y el soldador de ollas han dejado de aparecer, como también lo hizo el que llamaban el psiquiatra callejero que pregonaba, “¡Arreglo la de presión!”. No se promociona ahora el arreglo de puños y cuellos de las camisas blancas. Como tampoco la producción de protectores plásticos para las mangas de camisa de los funcionarios administrativos.

El cambio climático redujo la demanda de guantes para el frío nocturno de Bogotá; también la gabardina fue desapareciendo. Una leyenda urbana decía que el principal cliente de éstas era un abogado penalista, que en el bolsillo dejaba un generoso fajo de billetes; al salir del juzgado olvidaba la gabardina y si recibía una llamada les decía que podían quedarse con ella.

Los cursos por correspondencia hacían su agosto capacitando a reparadores de radio. Hoy es más barato comprar uno nuevo que repararlo. Además, los nuevas generaciones no usan el radio. Algo similar ocurre con la reparación de electrodomésticos: los precios relativos se han reducido significativamente y muchas marcas producen estos aparatos con características de úsese y bótese.

Una revolución del concepto del tiempo no sólo fue aportada por Einstein, al destruir el tiempo absoluto de Newton. El tiempo se compra y se vende; millones de subempleados pregonan: “Vendo minutos”. Un observador de edad avanzada que oyera a los jóvenes diciendo “no tengo minutos” pensaría que algo raro pasa, pues la juventud sí tiene el tiempo del que carece la vejez.

Los remontadores de suelas de zapatos para hombres casi han desaparecido, subsisten los que cambian la punta de los tacones. El lechero ya no existe. La frase de Churchill sobre la diferencia entre democracia y dictadura hay que cambiarla: “En una democracia, si alguien toca en la puerta antes de las 6:00 a.m. es el lechero, en una dictadura es un allanamiento”.

Los profesores de clases presenciales dan paso a cursos globales virtuales.

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