Obstáculos a la salud y el empleo

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En la columna del 25 de abril, antes de que se extendiera la cuarentena, advertí que el experimento tenía efectos graves sobre la economía e inciertos sobre la salud. Así ocurrió.

La cuarentena no tuvo la incidencia imaginada sobre la salud. En el desespero, el Gobierno expidió decretos de emergencia social y económica para aplanar la curva epidemiológica. De hecho, adquirió amplias facultades para regular la economía con criterios de salubridad.

El poder se empleó en forma inadecuada, porque se apartó de la curva que fue confirmada y corroborada empíricamente para los virus del último siglo: el grado y el crecimiento evolucionan en dirección contraria. Se puede representar por una curva que sube y cuando llega al pico pasa a descender. Desde la implantación de la cuarentena en Colombia, las dos variables se mueven en la misma dirección. El pico de la curva se aleja y su duración es cada vez más incierta. Mientras en Italia y España, que se caracterizaron por los mayores grados de contaminación de Europa, alcanzaron el pico en un mes, el país lleva tres meses sin lograrlo y es improbable que se haga efectivo antes de dos meses.

La explicación es simple. El cuerpo de asesores de salud aplicó en forma inadecuada la ecuación y la curva epidemiológica. En aras de bajar el pico de la curva, acabaron subiendo la tasa de contaminación, que es la base del sistema. En el último mes los nuevos contagios pasaron de 200 a 1.600 y las tasas de crecimiento de 3,7 % a 4,4 %.

Ahora, la información del empleo confirma los efectos devastadores sobre la economía. En abril, cuando la cuarentena estuvo en vigor, el empleo cayó 25 % con respecto al año anterior y el desempleo ascendió 19,8 %. Se verificó que la confiscación es un choque de oferta, distinto al de las recesiones comunes, que se inicia en el empleo. Al parecer, los agentes económicos se precipitaron a suprimir y despedir trabajadores. Estamos ante una contracción de oferta inimaginada que no puede enfrentarse con la organización de libre mercado del Banco de la República y los bancos privados. Por lo demás, no se trata de un fenómeno de corto plazo; los trabajadores que fueron retirados del empleo no pueden ser enganchados de inmediato. Las crisis de ocupación son duraderas. Lo cierto es que los empresarios se anticiparon a reducir el empleo para contrarrestar el desajuste entre el ahorro y la inversión. Las medidas de subsidio y ayudas del Gobierno han sido insuficientes. El impacto sobre la producción puede llegar a 12 % en el año.

No es fácil entender que una medida de semejantes secuelas económicas se hubiera adoptado sin ninguna previsión que moderara el choque de oferta del aislamiento. Sus efectos devastadores se hubieran podido aminorar con un cambio drástico de la organización de la economía en materia monetaria y laboral.

La cuarentena y los protocolos deterioraron la salud porque incrementaron el grado y el crecimiento de contagiados y precipitaron la peor recesión de empleo y producción del siglo. Aun así, no se aprende de la experiencia. El Gobierno insiste en la cuarentena y protocolos sin planeación y cuantificación confiable. Por lo demás, no se ha avanzado en los cambios del modelo económico requeridos para enfrentar la recesión de oferta causada por el confinamiento. Las políticas fiscales y monetarias no tienen canales directos para impulsar el empleo.

El drama es grande. Los comités de salud y economía que administraron la emergencia económica y social se equivocaron. Alentados con el falso dilema de salud y economía, los directivos y asesores improvisaron sin reparar en los aspectos matemáticos y económicos. El balance está a la vista. El experimento aumentó el grado y la tasa de contaminación del coronavirus, a tiempo que precipitó la peor recesión de la historia registrada del país.

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