Por: Elisabeth Ungar Bleier

Obstrucción clientelista a la paz

En noviembre de 2016, apenas una semana después de la firma en el Teatro Colón del Acuerdo de Paz entre el Gobierno Nacional y las Farc, el Congreso de la República lo aprobó, dando así el primer paso para darle el sustento legislativo requerido para comenzar su implementación.

Si bien el Gobierno en ese momento tenía las mayorías parlamentarias, no fueron pocos los que se sorprendieron de la celeridad con la que actuó el Congreso. Eran evidentes la férrea oposición de quienes apoyaron el No en el plebiscito, e incluso de algunos congresistas de la coalición gubernamental, y el silencio sospechoso de altos funcionarios del Estado. A pesar de esto, durante el primer semestre de este año se aprobaron varios proyectos esenciales para garantizar el cumplimiento de lo acordado.

Sin embargo, durante el segundo semestre se evidenció lo que muchos temían. Las maniobras para desbaratar el quórum, las dilaciones en los debates y el estudio de posibles impedimentos han sido algunas de las prácticas más frecuentes utilizadas por los congresistas que se decían cercanos al Gobierno. Y todo indica que lo hacen con el fin de presionarlo para que les entregue cuotas burocráticas u obras para sus regiones con el fin de “aceitar” las maquinarias que les van a servir para hacerse elegir o apoyar a sus candidatos en las elecciones legislativas y presidenciales del 2018.

Posiblemente, en su momento, los legisladores no leyeron lo que estaban avalando, como ya sucedió en el pasado, cuando en 2012 el entonces presidente del Congreso afirmó haber leído por encima la conciliación de la reforma a la justicia antes de firmarla.

Estas prácticas no son nuevas. Pero llama la atención que las estén utilizando para entorpecer los debates de leyes que son indispensables para implementar el Acuerdo de Paz que ellos mismos aprobaron hace un año, y sin las cuales éste puede fracasar. Quizás se olvidan de que este no es un proyecto de un gobierno sino una política de Estado, y si el Acuerdo se cae, todos los colombianos sufriremos las consecuencias.

No obstante, cualesquiera que sean las razones que tienen quienes lo hacen, lo mínimo que pueden esperar sus electores es que los congresistas sean coherentes y asuman las responsabilidades por las decisiones que toman. Infortunadamente, los hechos están demostrando una vez más que la coherencia y la responsabilidad no son cualidades de muchos padres y madres de la patria.

Nadie puede negar que el Acuerdo de Paz tiene falencias —seguramente más de las que muchos quisiéramos— y que su implementación está plagada de retos y dificultades. Pero, más allá de esto, es inaceptable que sea el Congreso, que en ejercicio de sus facultades legales y constitucionales aprobó su contenido, el que ahora esté actuando en contravía de sus propias decisiones. Todo indica que mataron el tigre y se asustaron con el cuero.

Nota: Candidatos por firmas, ¿ya reportaron de dónde sale la plata para la recolección de las firmas? Háganlo en www.transparenciacolombia.org.co/de-donde-salio-la-plata/ o en www.moe.org.co.

* Miembro de La Paz Querida.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Elisabeth Ungar Bleier

La democracia, mucho más que elecciones

Aprendizajes electorales de México

Las ideologías siguen vivas

Insólito