Por: Mauricio Botero Caicedo

Ocho de cada diez colombianos

AYER 7 DE AGOSTO OCHO DE CADA diez colombianos despedimos, con profundo agradecimiento, a Álvaro Uribe. Dentro de las innumerables razones por las cuales el ochenta por ciento de los compatriotas le damos a usted las gracias, están:

— Usted nos devolvió algo que los colombianos pensamos haber perdido para siempre: la confianza y el optimismo. En 2002 el presidente de entonces entregó un país secuestrado, atemorizado y al borde del colapso social y económico: los narcoterroristas eran los dueños absolutos de una cuarta parte del país, actuando con alevosa impunidad en las otras tres cuartas partes. En resumen, su antecesor recibió de Samper un país al borde del precipicio, y dio un firme paso adelante.

— Usted, como con singular acierto relata Mauricio Vargas (El Tiempo, julio 26/10): “… pasará a la historia por haber enfrentado con decisión, disciplina, perseverancia e inteligencia el gigantesco desafío que las Farc le habían planteado, con prepotencia y cinismo, a la sociedad colombiana. Tras décadas de crecer y ganar terreno hasta poner en entredicho la soberanía del Estado en amplias zonas del territorio y plantear serias dudas sobre la viabilidad de Colombia como país, las Farc retrocedieron por primera vez gracias al liderazgo de Uribe como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas”. Usted persiguió con igual tenacidad a los criminales de izquierda y derecha, y nos entregó el derecho de vivir sin terroristas, indistintamente de la ideología con que pretendían arropar sus crímenes.

— Usted cumplió con prácticamente todas las promesas de su gobierno: la mayor presencia del Estado en todo el territorio nacional; el aumento de la seguridad del país; el reforzamiento de la institucionalidad; la creciente inversión extranjera; el ingreso de Colombia a un período de mayor normalidad. En 2002 los flujos de inversión extranjera no llegaban a los 2.500 millones de dólares. Hoy superan los US$10.000 millones.

— Usted recibió lo que era la séptima u octava economía de América Latina y está entregando la cuarta. (Y no albergo la menor duda de que en el mandato de Santos vamos a pasar a ser la tercera). Recibió el desempleo en el 18,6% y lo entrega en una cifra cercana al 11%. Nunca en estos ocho años la economía había tenido tasas de crecimiento similares.

— Usted puso la dignidad de Colombia por encima del comercio y no se dejó amedrentar de atarvanes como Chávez y Ortega. No dejó usted que los cantos de sirena de una recua de mercaderes y comerciantes —cuya codicia era bastante mayor que los intereses superiores de la nación— modificaran su norte.

— Usted encabezó una revolución que amplió de forma dramática la cobertura y la calidad de la educación en el país. Usted siempre fue parte de la solución y no parte del problema.

— Durante su mandato la izquierda cavernícola se limitó a venenosas y punzantes columnas que en esencia sólo destilaban hiel y babas. Sus contradictores no fueron capaces de ofrecer ni siquiera un remoto esbozo de soluciones a los graves problemas del país.

— Finalmente usted tuvo el coraje de reinventar nuestras Fuerzas Armadas. No sobra recordar las palabras del presidente Barack Obama durante el Día de la Conmemoración, en respuesta a aquellos que se preguntan para qué sirven los militares:  “Es gracias a los soldados y no a los sacerdotes que podemos tener la religión que deseemos. Es gracias a los soldados y no a los periodistas que tenemos libertad de prensa. Es gracias a los soldados y no a los poetas que podemos hablar en público. Es gracias a los soldados y no a los académicos que existe libertad de enseñanza. Es gracias a los soldados y no a los abogados que existe el derecho a un juicio justo. Es gracias a los soldados y no a los políticos que podemos votar…”.

 

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