Atalaya

Oda a la patineta

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En el video aparece un joven empujando a toda velocidad su tabla en medio de uno de los muchos canales de desagüe secos de Medellín; su camiseta sin mangas con el logo de una banda de metal progresivo y su pelo largo fluyen tras de él. Así sube perpendicularmente el banco de concreto del caño donde está patinando —una transición, como se llama en el mundo del skate—. Justo antes de llegar al borde, estando casi vertical en la pared de tres metros, dobla un poco sus rodillas, presiona con fuerza la cola de la patineta con su pie izquierdo para que se levanten los dos juegos de ruedas mientras desliza su pie derecho hacia ese mismo costado proyectando su cuerpo hacia adelante y hacia arriba (kickflip). Por un segundo que parece eterno, el chico salta en el aire casi un metro más arriba del borde del banco mientras que su patineta gira en espiral bajo sus pies. Inmediatamente después, aún en el aire, vuelve a poner los dos pies en la patineta girando su cuerpo y su instrumento para caer con la cola de su tabla en el borde del canto de concreto; finalmente, con el impulso que llevaba, se desliza así por un par de metros sobre el filo haciendo equilibrio, para luego bajar la punta de la patineta y descender más adelante. Todo dura no más de 30 segundos; al bajar se escuchan los gritos y los aplausos de los amigos.

Y no es para menos. Para grabar ese medio minuto de maestría, precisión y habilidad técnica, David González, skater profesional colombiano, tuvo que patinar varias horas diarias por años, pasar días entrenando y aun en la sesión de grabación tuvo que intentarlo una y otra y otra vez, posiblemente durante horas, a costa de muchos golpes, magulladuras, raspaduras y lesiones.

La constancia, la disciplina y la perseverancia son valores que el skate promueve de forma natural entre los jóvenes que lo practican. David González comenzó a patinar siendo muy niño en Medellín para hacerles frente a la calle, a las vicisitudes y a los peligros a los que se enfrentan muchos chicos vulnerables en contextos urbanos alrededor del mundo. Patinar es amparo y salida, pues implica una forma individual de expresión —más cerca del arte que del deporte—, de estar con uno mismo y a veces hasta de escapar de la cruda realidad mientras se está concentrado patinando.

Hay una infinidad de trucos, de estilos para realizarlos y espacios urbanos para aplicarlos, por lo que montar tabla es también una manera de vivir la ciudad y de relacionarse con sus formas y arquitecturas. Para quienes lo practican supone conocer y adueñarse de las calles, los parques, los caños, las bancas, las barandas, escaleras, muros y demás geografías que les son familiares para expresar quienes son. Al hacerlo, se relacionan con otros como ellos, formando parte de una cultura que aglutina experiencias similares de vida alrededor del mundo.

David González fue SOTY (Skater of the Year, “Patinador del Año”) en 2012 —la mayor distinción mundial en la cultura de la patineta— y miles de chicos en nuestro país siguen sus pasos. A pesar de lo anterior, la cultura del skate es estigmatizada por buena parte de la sociedad y marginada por las autoridades, pues se desconoce su potencial como canalizador de las energías y la rebeldía juveniles y estímulo positivo para miles de jóvenes que ven en la tabla un refugio y un estilo de vida.

@Los_Atalayas, atalaya.espectador@gmail.com

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