Por: Columnista invitado

Oda al fracaso para Cristiano Ronaldo

Hace cuatro años Antonio Tabucchi, el más portugués de los escritores italianos, me dijo que le gustaba la honestidad con que jugaba Cristiano Ronaldo y que odiaba la deshonestidad del fútbol representada por Berlusconi.

Esa honradez fue evidente aquí en Brasilia durante el juego en que Portugal derrotó a Ghana y, aún así, quedó eliminada del Mundial 2014. Soy fanático de CR7, por su talento con el balón, no por su narcisismo ni por su farandulización. Ayer le sobró voluntad, a pesar de la tendinitis rotuliana en la rodilla izquierda por el cansancio de la temporada rematada con récord de goles en campeonatos europeos y el trofeo de la Champions League, pero de las cinco clarísimas oportunidades de gol que tuvo, apenas metió una. Cabizbajo asumió la realidad con la cara triste que se había marcado en el cuero cabelludo. El médico José Carlos Noronha, el mismo que operó a Radamel Falcao García, le advirtió hace días que la lesión puede agravarse. Sin embargo, él pidió jugar hasta el último minuto; salió con una faja, no se quejó, no se disculpó con partes médicos, trató de ratificar su capacidad.

Otro mundial se le va sin demostrar las capacidades plenas del vigente mejor jugador del mundo. Lo mismo le pasó a Messi en 2010. La presión y la responsabilidad no son fáciles. Portugal como equipo sigue siendo mucho menos que Argentina y la oportunidad aquí es para el argentino, que hasta ahora ha sido definitivo. Falta ver si logra lo que hizo Maradona en México 86. Las posibilidades de Ronaldo a este nivel son mínimas mientras el fútbol de su país a nivel de selección no mejore. Él hace lo que puede, aunque pudo imponer más liderazgo. En los otros dos partidos estuvo apático y errático, no en el estado de gracia del Real Madrid. Saliendo de la cancha Mané Garrincha le vi una sonrisa resignada de ‘por lo menos vine a Brasil’. La prensa portuguesa, con razón, ya habla de fracaso absoluto, porque en Sudáfrica habían llegado a octavos de final.

A veces es bueno decir como escribió Fernando Pessoa en Tabaquería: “He fracasado en todo”. A veces es bueno admitirlo luego de intentar todo lo que se podía. Viendo correr y luchar al capitán portugués, por algo tan inútil y poético como dejar la vida para ir detrás de un balón, el fútbol y la poesía parecían lucir la misma camiseta. Casualmente uno del centenar de heterónimos del gran Pessoa fue Ricardo Reis, médico retirado por su creador en Brasil y resucitado por el nobel portugués José Saramago para llevarlo al magistral y melancólico paseo por Lisboa que es El año de la muerte de Ricardo Reis. Esto para decir que a Cristiano Ronaldo no le voy a pedir, aunque debiera, que aprenda de la selección de las letras portuguesas: Pessoa, Saramago, Tabucchi (por algo vivió y murió allá), todos discípulos de Camoes. La vida se encarga de cada cual. Sólo quería agradecerle por fracasar, no como cualquier mortal sino como sólo lo sabe hacer un poeta del gol, y dedicarle unos versos de la Oda firmada por Reis: “Para ser grande, sé entero: nada tuyo exageres o excluyas. Sé todo en cada cosa. Pon cuanto eres en lo mínimo que hagas”.

 

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