Por: Ana Cristina Restrepo Jiménez

Odiar (sin medida y con clemencia)

Querer matar, pero no ser capaz. Porque faltan agallas, porque el desprendimiento del asesino es inalcanzable, porque no da el alma. ¿Por ausencia de odio? ¡Jamás!

En la sociedad actual —de paroxismos, estruendos, excesos— mucho se pregona el “vivir las emociones al máximo”; no obstante, existe un sentimiento que la corrección política veta…

Está en cartelera Matar a Jesús (2017), de Laura Mora, una película que se mueve entre la alegoría del perdón y la apuesta por una mirada piadosa del odio.

En octubre de 2002, un abogado y profesor de 51 años fue asesinado en Medellín: “No era un hombre de ningún partido, ni un gran líder. Era muy respetado por su trabajo, adorado por quienes lo conocían (y eso incluía desde el vendedor de fruta de la calle hasta sus hijos)”, así evoca Mora a su padre, como un gran lector, amante de la obra de Borges y de Barba Jacob, de la música clásica, del tango y The Beatles. “Un hombre sensible, con gran sentido del humor. No dormía porque perdía tiempo”. Su epitafio reza: “Incontenible como un amanecer”.

La película de esta antioqueña, formada en cine en Australia, surgió de un sueño: en medio de una fiesta, un hombre se le acercó y le dijo: “Hola, me llamo Jesús, y yo maté a tu papá”. Tan pronto despertó, comenzó la escritura.

Fiel a la escuela de Víctor Gaviria, Mora se vale de actores naturales para narrar el asesinato de un hombre y el odio que queda en su hija, testigo del crimen. Natasha Jaramillo (en el papel de Paula) y Giovanni Rodríguez (Jesús) protagonizan la cinta cuya permanente provocación es la posibilidad de que la hija de la víctima y el sicario se enamoren: “Yo quería abordar la metáfora de la seducción, lo que significa dejarse seducir por la humanidad del otro que va más allá del amor. Esa seducción de humanidad es el fin de la guerra misma”.

Becas como las del FDC (Fondo para el Desarrollo Cinematográfico del Ministerio de Cultura), el Fondo Ibermedia y el Fondo INCAA (Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales de Argentina) hicieron posible el rodaje de esta coproducción colombo-argentina. Después de su estreno en el Festival de Toronto, ha participado en más de 20 eventos internacionales y merecido premios en festivales como los de San Sebastián, El Cairo, Chicago, La Habana, Tarragona, Palm Springs y Punta del Este.

La mirada de Laura Mora, sobria y sin artificios, es el gran valor de la obra: en el baile sin música de dos solitarios en una calle, en un paisaje nublado del Valle de Aburrá, en la foto de una niña en los hombros de su padre, en una joven que jamás sonríe. En el tedio del odio frente a cada asomo de humanidad.

Matar a Jesús aborda el odio sin medida y con clemencia porque lo despoja de su carácter destructor. Y le traza un límite preciso: nosotros mismos.

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2018-03-16T21:00:57-05:00

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