Por: Uriel Ortiz Soto
Comunidad y desarrollo

Oh, Colombia inmortal y bicentenaria

Para engrandecer tu bello paisaje, que guarda los más íntimos secretos de saqueos, guerras, alegrías, tristezas, violencia, corrupción, narcotráfico, guerrilla, paramilitarismo, desplazamientos y esperanzas, es importante llegar a lo más profundo de tus raíces, desde el momento mismo en que apareciste plena de riquezas y tesoros, ante los ojos del imperio español.

Así naciste para la avaricia y la injusticia social, oh, Colombia inmortal, Colombia saqueada.

El ángelus de tu bautizo fue de horror, de llanto y de sangre; los cañones que se dispararon anunciando tu descubrimiento desgarraron con sus truenos las tranquilas entrañas de la madre selva; tus hijos aborígenes, indios nacidos y cosidos a tu suelo, no comprendieron por qué empezaba tan cruel existencia.

Así naciste para el mundo, oh, Colombia inmortal, Colombia española.

Posteriormente empezó el sometimiento, sembrando con terror y sevicia sus alrededores, para lograr el dominio de quienes habitaban tus selvas vírgenes, llenas de tesoros y cubiertas por los más hermosos paisajes; todos ellos se horrorizaron por la forma cruel y violenta con que los sometieron.

Así empezó tu conquista, oh, Colombia inmortal, Colombia americana.

Llegaron los arbitrarios españoles, que sometieron con saña y con sevicia; quienes se resistieron a semejantes vejámenes fueron marcados por el resto de sus vidas por el estigma de la esclavitud, el dolor y la violencia; los verdugos no reconocieron en vuestros hijos a seres humanos, eran simples bastardos paridos por la naturaleza y la madre tierra.

Así naciste para la esclavitud, oh, Colombia inmortal, Colombia esclava.

El largo período de la colonización mezcló tu raza india con la de los verdugos españoles, que ultrajaron y pisotearon hasta en lo más íntimo tu dignidad y tus entrañas; tus hijos no tuvieron la independencia, ni en su vida, ni en su hogar, ni en sus propias decisiones; nunca disfrutaron de la alegría para disponer de su propio ser.

Así empezó la Colonia, oh, Colombia inmortal, Colombia criolla.

Tu raza fue vilipendiada por los sátrapas que sin piedad la sometían a las más crueles explotaciones; las mujeres fueron forzadas a abortar su dignidad y a ejercer en forma denigrante el sexo, que con crueldad se les practicaba; cuando un hijo nacía producto de estas vejaciones, las lágrimas de sus madres imploraban a los verdugos que se les respetara la vida.

Así empezó la degradación, para hacer sentir su mezquina autoridad los esbirros del imperio español, oh, Colombia inmortal, Colombia mestiza.

El cúmulo de dolor, sufrimiento y llanto fue generando razones para la gran reyerta colombiana; las vociferaciones de la autoridad española estaban representadas en la ignorancia de la Inquisición con la complacencia y tolerancia de la Iglesia católica—, que todo lo admitía y toleraba con tal de no perder el reconocimiento del monarca español.

Así empezaron a concientizarse mestizos, criollos, mulatos, chapetones, esclavos y negros para obtener su independencia; de esta forma percibiste las primeras luces de libertad, oh, Colombia inmortal, Colombia revolucionaria.

La Revolución de los Comuneros, el memorial de agravios, la traducción de los Derechos del Hombre, entre muchos otros acontecimientos, hicieron que los santafereños de la época explotaran ante el más mínimo oprobio o provocación en contra de su dignidad tantas veces pisoteada, ultrajada y mancillada.

Toda la energía producto de las injusticias sociales estaba concentrada en la razón y la conciencia ciudadana; el florero de Llorente que voló en mil pedazos por la humillación y los ultrajes a que fueron sometidos sus peticionarios fue la chispa que encendió la revolución contra el usurpador gobierno español.

Así nació tu libertad y empezó a brillar la gloria como país libre, soberano, independiente y democrático, oh, Colombia inmortal, Colombia democrática.

La campaña libertadora emprendida por Bolívar y su soldadesca se extendió por todas las regiones de la patria; la valentía con que combatieron quedó esculpida para la posteridad como monumento de grandeza; el puente de Boyacá y el pantano de Vargas, entre muchos otros símbolos de la mayor luminaria libertadora, demandan constantemente de todos los hijos de Colombia que los visiten y los honren como santuarios sagrados de honor, independencia y libertad.

Así empezaste a construir el período de la república, oh, Colombia inmortal, Colombia republicana.

En medio de tantas dificultades en que vivimos, continuamos construyendo un país libre, soberano, independiente y democrático; aunque los valores de nuestra nacionalidad constantemente se invierten por culpa de tus malos gobernantes y dirigentes corruptos, trúhanes y rapaces, continúas siendo el más bello del planeta tierra, solamente comparado con el paraíso terrenal, pedestal de grandeza y del universo.

Así naciste para la gloria de tus buenos hijos y orgullo de nuestra raza, oh, Colombia inmortal, Colombia bella.

No obstante que los principios y valores son constantemente pisoteados por tus ingratos hijos de todos los estratos y generaciones, continúas albergando en tu ser, la grandeza de ser exponente ante los ojos del mundo, de inteligencias preclaras, existentes en los más recónditos sectores de tu geografía; todos estos valores muchas veces se desperdician por falta de oportunidades, con el grave peligro, que por sus frustraciones se desvían por los despeñaderos de la drogadicción y la delincuencia.

Así existes ante la faz de la tierra, oh Colombia inmortal, Colombia pionera.

Empezarás a correr el próximo miércoles siete de agosto un tercer centenario; quienes actualmente habitamos y disfrutamos la belleza de tu paisaje, damos gracias a Dios, por habernos premiado colocándonos en el más bello pedestal del universo; Pero, lamentablemente tu futuro es incierto, puesto que se encuentra obnubilado por los constantes nichos de corrupción, que se vive en las administraciones pública y privada, propiciada por tus mismos dirigentes.

Así esperamos que empiece a brillar la luz del día, oh Colombia inmortal, Colombia martirizada.

El congreso de la república de las últimas décadas, continúa siendo la peor vergüenza nacional; los proyectos de ley de: reforma política y anticorrupción, fracasaron estruendosamente, puesto que aprobándolos se les mezquina sus liderazgos de gamonales políticos regionales.

Lamentablemente, así eres de tolerante con quienes, en lugar de dar ejemplo de Patria y de grandeza, te ultrajan y sabotean, oh Colombia inmortal, Colombia maltratada.

Los horrores de los grupos armados, que, en las últimas décadas, han dejado un doloroso inventario de desastres: secuestros, masacres, saqueos, extorciones, chantajes, voladuras de oleoductos y pescas milagrosas, son el mausoleo donde los damnificados, desplazados, viudas y huérfanos, van a llorar su desgracia, con la esperanza de ser resarcidos en sus daños y perjuicios.

Así esperaras que brille la justicia social, para con quienes, no obstante, accedieron al perdón y al olvido, guardan en su interior: frustraciones y resentimientos, pero también esperanzas, para ver algún día un nuevo amanecer.

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Oh, Colombia inmortal y bicentenaria

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