Por: Ramiro Bejarano Guzmán

¡Oh júbilo mortal!

YA DIJE EN ESTAS MISMAS PÁGINAS, el jueves pasado, que estoy radiante con la liberación de los secuestrados y orgulloso del Ejército. Reitero, pues, las felicitaciones al Gobierno, al presidente Uribe, al ministro Santos, a las Fuerzas Militares, y, en especial, a los secuestrados y a sus familias. El triunfo es inobjetable.

Así ahora oficiales del ejército israelí aseguren que intervinieron en la brillante operación de inteligencia que liberó a Íngrid, tres norteamericanos y 11 soldados y policías cosa que nunca sabremos mientras Uribe esté en el poder, sí creo que la idearon agentes criollos. Semejante audacia no se le habría ocurrido jamás a la Mossad, ni a la CIA, ni a Scotland Yard. Para eso se necesita marrullería y malicia indígena. En eso somos imbatibles, incluido Juan Manuel, premio Nobel en el oficio.

Aunque genera dudas, no hay que sucumbir al cuento del periodista suizo, según el cual, el Gobierno habría pagado 20 millones de dólares. Lo ilegítimo no sería haber pagado recompensa, sino haber mentido con fines políticos, seguramente para mejorar en la comunidad internacional la imagen de Uribe, visto hoy como amigo de las soluciones de fuerza.

Hace muchos días no veíamos reír a Uribe, ni se le advertía relajado. Los medios dieron cuenta de que recientemente consultó a un bioenergético, que lo llenó de goticas para que soportara el huracán de Yidis. Además, hizo moñona en un mismo día, pues liberó a los secuestrados mientras la Corte Constitucional sepultaba la revisión de la reelección, y, como si fuera poco, la talentosa Íngrid apoyó sin ambages su proyecto reelecionista, con razones más emotivas que científicas. A propósito, me resisto a creer que en el Gobierno no hayan visto que con Íngrid se les apareció un buen reemplazo para el lánguido Canciller.

La alegría es justificable. Ya los primeros sondeos de popularidad indican que en vez de 84% alcanzó el 91,42%, lo cual lo pone a competir hasta con su adorada “Virgencita”. Cuando Uribe está en los gozosos, hasta se ve mansito; su problema es que en los dolorosos, le brota la furia que lo ha hecho pelear hasta con la sombra.

Después de este indiscutible éxito de liberar a 15 personas sin un solo disparo ¿debemos reelegir otra vez a Uribe? Los colombianos, en su mayoría con los espíritus inflamados, creen en esa solución. Yo sigo pensando que no, porque esa aventura desbarataría institucionalmente al país. Cuando se desvanezca la espuma del Alka-Seltzer de las liberaciones en unos meses o de pronto pasado mañana, el tiempo y la calma harán lo suyo. Nada hay más efímero que la emoción colectiva.

El país está ebrio de nacionalismo. En algunos sitios públicos no falta el furibista que lance el grito ensordecedor “Viva Uribe”, y enseguida alguien de la gleba enardecida canta el himno nacional, eso sí, de pie y con la mano en el corazón. Otros andan rezando Padres Nuestros y Aves Marías, imitando la actitud camandulera de Uribe y el Ministro de Defensa, que conocen el torrente sanguíneo en esta república beata del Sagrado Corazón de Jesús.

¿Será que por cuenta de esta victoria aplastante contra los criminales de las Farc, tendrán que cerrarse los procesos de la parapolítica, abrirse las puertas de las cárceles, perdonar el cohecho que sabemos? Los fanáticos dictaron sentencia favorable a esa pretensión, pero otra cosa pensamos quienes creemos que eso sería todavía tan dañino como la reelección.

 ¿Hará las paces Uribe con la Corte Suprema de Justicia, no obstante que hace una semana cuestionó a los magistrados invocando el dicho de Mancuso, el que sin embargo no le importó cuando acusó a los Santos del Gobierno? Lo dudo, sobre todo después de la reunión con directores de medios, en la que fustigó con rabia a los magistrados, sindicándolos de mentirosos y de estar infiltrados por los paramilitares y la guerrilla, es decir, unos criminales. Esperemos que el gordito Fabio Valencia, con su bonhomía, logre el milagrito.

 Ya veremos si el “guayabo” es del tamaño del festín.

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Adenda.- Motivo viaje de este columnista, esta columna regresará el próximo 3 de agosto.

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