Por: Iván Mejía Álvarez

Ojo con la culebra

Demasiadas equivocaciones en el comportamiento y lecturas discutibles del tema generó la reunión entre el presidente de la Federación y los jueces profesionales que están inscritos en la nómina Fifa.

Lo primero fue un grave error de Luis Bedoya de desautorizar al presidente de la Dimayor y a la misma Comisión Arbitral, al momento de aceptar dicha reunión sin tener en cuenta a quienes son los directos responsables del tema. Seguramente lo hizo en forma involuntaria y apoyado más en su condición de ser el presidente de la Federación, pero se equivocó porque él debe ser la última instancia, la palabra final y cuando se saltan los caminos rutinarios. No puede olvidar don Luis que Grondona hay uno solo y para llegar a ser la única voz cantante lleva más de 20 años en el comando.

Se equivocaron los jueces porque acudieron a Bedoya y le engañaron con sus planteamientos. Le metieron mentiras al decirle que no les habían incrementado la tarifa por partido, pues hace nueve meses les habían subido el 17%. En algunos reclamos tenían razón, como el estipendio vulgar y oneroso para los cuartos árbitros, los subsidios de transporte y el pedido vehemente para que los directivos dejen a un lado el hacha de guerra que algunos de ellos vienen mostrando cada vez que hay una equivocación. Los señalamientos, las cartas a la Comisión, la mediocridad de los argumentos de los Pimentel, Marulanda, Quintero y Rendón, entre directivos; Pinto, Comesaña y Basílico González, entre los técnicos, tiene que llevar a una conclusión: se vive un clima virulento contra los árbitros y es hora de parar la mano y exigir respeto. En eso tienen razón, pero no deben olvidar que árbitro que falle debe pagar por sus errores.

Se equivoca Jesurún, porque cada día se hace más difícil hablar con él. Ramón se ha vuelto intemperante y dueño de la verdad absoluta.

Bedoya y Jesurún no deben olvidar que tienen la obligación de mantenerse unidos, de no darle vida a Álvaro González, esa culebra venenosa que se encuentra ahí agazapada y que como la dejen levantar, los pica a todos y les quita el manejo del fútbol. No lo olviden, el enemigo sigue ahí.

 

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