Por: Luis Carvajal Basto

Ojo con San Andrés

Si Ortega, un presidente que ha birlado dos veces la Constitución de su país para reelegirse, ha desarrollado una estrategia que le permitiría llegar hasta las puertas de Cartagena, desconociendo el tratado de 1930, ¿no corresponde, aprovechando su negación de ese tratado, reclamar la Costa de Mosquitos?

La condición fundamental del Tratado Esguerra-Bárcenas según el cual Colombia renunciaba a sus derechos en la Costa de Mosquitos, a cambio de lo cual Nicaragua declinaba sus pretensiones en el archipiélago fue incumplida, primero por el actual gobierno de Nicaragua y después por la Corte de La Haya.

El reciente fallo es una derrota diplomática pero no significa, como dijo el presidente Santos, que hubiésemos perdido un centímetro de territorio. Eso está por verse. La decisión de desconocer a un tribunal prejuiciado fue, sino la mejor, la única salida que nos dejaron. Para Ortega es una victoria en el papel que ha utilizado y utilizará como argumento político en su país. 200 millas de mar representan otro tanto, y poco más, de lo que mide ese angosto país del Pacifico al Caribe. San Andrés, su siguiente objetivo, está ubicado dentro de esa área. A partir de allí, 200 millas, la zona económica exclusiva, lo llevarían frente a Cartagena. Los 75.000 kilómetros que le concedió el primer fallo, son más de la mitad del actual territorio de Nicaragua. Cuanta desproporción en La Haya.

En un contexto mundial en que las instituciones de posguerra son obsoletas pero, todavía, no tenemos unas mejores que se correspondan con la globalización, ocurren cosas así. Toca iniciar una nueva andadura, invocando el pleno de Naciones Unidas y sus diferentes estamentos. En la OEA y, simultáneamente, acercarnos más a los vecinos de Ortega, El Salvador, Costa Rica y Honduras, con quienes también ha buscado pleito.

En la región los intereses son todos. Si bien Estados Unidos ha confirmado una nueva manera de relacionarse con Latinoamérica, como hemos visto en Cuba; China ahora es el banquero mayor de Venezuela, que también recibe apoyo militar de Rusia. Después de lo visto en Siria, en cualquier parte se puede esperar cualquier cosa.

Aunque este no sea el momento más apropiado para examinar las habilidades de nuestros juristas(Los resultados hablan por sí mismos) o los errores de estrategia durante décadas, es necesario tener en cuenta que Colombia no echó mano en sus alegatos de una carta ganadora: la participación activa de los ciudadanos del archipiélago, los colombianos raizales que por 400 años han habitado las islas. ¿Por qué no se les consultó conforme la Constitución permite creando un hecho político difícil de desconocer? ¿Por qué algunos de ellos no estuvieron como representantes del País en el equipo de abogados aunque no se les pagaran honorarios millonarios?

No podemos seguir equivocándonos: la mayor fortaleza de los derechos de Colombia radica en la misma comunidad Raizal que merece un tratamiento similar al que la Constitución otorga a las comunidades indígenas, aspiración que debe reconocerse en nuestro desarrollo territorial. Precisamente, la visita del presidente Santos la semana anterior sirvió para demostrar que las relaciones con los raizales han sido tratadas con descuido, como pudo observarse en la reacción de algunos por cosas tan sencillas como la falta de coordinación de una visita en la que ellos esperaban, al menos, dialogar con su presidente. Una oportunidad se convirtió en un problema (ver)

Pese a todo, por primera vez en mucho tiempo, Colombia, con excepción del inexplicable silencio del ex presidente Pastrana, ha respondido al unísono y así debe mantenerse frente a una situación indeseable, como cuestionar un fallo, pero, también, inevitable. Debemos esperar que esta actitud de la Corte de La Haya no abra una caja de pandora poniendo en entredicho todos los tratados y fronteras actuales en América. Pero tenemos el deber de estar listos para ello. A Ortega hay que “pararlo”.

@herejesyluis 

 

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