Por: Alberto López de Mesa

Ollas del narcomenudeo

(Primera parte)

Nancy Contreras es docente de primaria en una escuela del Distrito, nos hicimos amigos cuando fui su profesor en un curso para ascender en el escalafón, ahora me ha buscado porque su hijo Jairo, de dieciséis años, se hizo adicto al bazuco y hace tres meses no ha vuelto a la casa.

"Soy madre soltera y Jairo es mi único hijo" – me explicó llorando -. "Cuando me percaté de su vicio lo llevé al siquiatra y no le sirvió, lo interné en un centro de rehabilitación carísimo del cual se escapó y salió peor de ansioso. Me robó dinero, joyas, libros; lo último que se llevó, para cambiar por droga, fue mi computador portátil. Me dio mucha rabia y lo eché de la casa, le dije que no quería verlo más y hasta cambié las guardas de la entrada. Pero ahora tengo un dolor en el alma horrible. Mi hijo no ha vuelto al barrio, me dicen que lo han visto por el centro como un ñero de la calle, que se mete a consumir en una olla del barrio Santa Fe".

Nancy supo que yo fui adicto a psicoactivos y que frecuenté el Bronx y las ollas del centro. Con ese precedente, me ha pedido que le ayude a encontrar a su hijo. Le advertí que los consumidores y expendedores de drogas ilícitas son una sociedad aparte, prevenida, desconfiada y, por lo mismo, peligrosa, pero no la persuade mi advertencia y, en cambio, es tal su decisión que no pude negarme a su ruego y acepté acompañarla en la búsqueda de Jairo.

Nancy es inteligente, así que le conté sin remilgos lo que sé del mundo en el que nos vamos a meter.

San Victorino, desde la primera república, fue un cruce de caminos en donde confluían migrantes de todo el país. Por ahí llegaba furtivamente tabaco, café, caucho, animales selváticos.

A mediados del siglo XX, la Estación de la Sábana vivió el auge de los ferrocarriles nacionales, al lado estaban las terminales y empresas del transporte intermunicipal, por lo cual, toda la localidad de los Mártires prosperó con características de puerto: mercado del contrabando, hostales baratos, zona de chicherías, juegos ilegales, cafetines y prostíbulos, todo lo prohibido se conseguía en Mártires, tuvo fama una tienda de “pipo” (destilería hechiza que producía licor artesanal sin licencia.), aún hoy, se sabe que existen fábricas caseras de licor adulterado o falsificado. En 1970, los periódicos de la época, reseñan decomisos de cargamentos de marihuana y allanamientos de lugares para la venta y consumo de la hierba prohibida. En los ochenta, el narcotráfico alimenta también el mercado nacional y la zona es perfecta para el narcomenudeo, abundan expendios de estupefacientes, en Samper Mendoza, Santa Fe, La Favorita, Cinco Huecos, Plaza España y el sector al norte del barrio Santa Inés conocido como El Cartucho será el epicentro del narcomenudeo. En sus inicios, cada expendio podía ser la sede de un proveedor o también sucursales satélite de un capo más grande, unos y otros eran reconocidos por los usuarios como un “gancho”, que era el nombre o la marca que aparecía en las papeletas de empaque o simplemente el nombre con que la gente los nombraba (Manguera, Panadería, Gemelos, Chela, Campos, Conejo, El árabe, El Nohora, La Picasso…) La policía no asumía estos ganchos como carteles de la droga, porque eran estructuras delictivas de carácter familiar, intermediarios abastecidos por las cocinas de cocaína y los cultivos de marihuana del Llano, Tolima, Zona Cafetera y Norte del Valle.

El mercado de la droga era escandaloso y descarado porque intimidaba a los vecinos y compraba a la policía, así que se veían, en horas estratégicas, colas de compradores tan largas como las de comprar leche.

Al principio del siglo, cuando en la primera alcaldía de Enrique Peñalosa, por la fuerza la policía intervino y desalojó El Cartucho se distinguieron bandas más organizadas y complejas ya que incluían otros negocios ilícitos y delitos conexos (robo y compra de partes de autos, bandas de atracadores callejeros, reducidores, apartamenteros.) El abrupto desalojo de El Cartucho generó una diáspora que se reflejó en las localidades La Candelaria, Santa Fe y Mártires, con la presencia en andenes y parques de habitantes de calle consumiendo psicoactivos y el fortalecimiento de los expendios de droga con mayor tradición como lo fue la L de la carrera quince, que los medios de comunicación llamarían el Bronx.

(Esta historia continuará)

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2019-05-02T12:49:30-05:00

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