Por: Juan Pablo Ruiz Soto

ONG: Del aislamiento a la proposición

DURANTE EL GOBIERNO DE URIBE las ONG ambientalistas fueron señaladas como "subversivas", pues se opusieron a la propuesta gubernamental de invitar a inversionistas extranjeros a explorar y explotar sin consideración social ni ambiental nuestros recursos naturales.

El país abrió sus puertas a los proyectos mineros e incluso estuvimos cerca de que se arrasara con la Orinoquia para la producción de agrocombustibles. Hoy parece que soplan otros vientos —húmedos y cargados de lluvias— que abren nuevos espacios a las ONG. La ola invernal enseña que es una buena inversión respetar la dinámica ambiental y planificar con una adecuada valoración del aporte de los servicios ambientales al desarrollo.  El discurso del presidente y el Plan Nacional de Desarrollo tienen algunas pinceladas “verdes” y las ONG ambientales ya no son estigmatizadas como “subversivas”.

Recientemente conocí el borrador de la carta que algunas ONG ambientales, nacionales y extranjeras, elaboran como  un llamado a la conciencia ambiental frente la ola invernal.  La comunicación dice: “si bien los desastres ambientales no se pueden evitar, sus efectos sí pueden ser mitigados con un medio ambiente saludable. Si los cerros no tienen cobertura vegetal ni bosques protectores; si las rondas de los cuerpos hídricos son desprotegidas y los cuerpos de agua desecados; si actividades económicas extractivas se llevan a cabo en los páramos, laderas y pendientes, obtendremos avalanchas, pérdidas innecesarias de vidas, casas e infraestructura”. Seguir esta propuesta exige una clara determinación política y cuantiosos recursos, pues es mucho lo que se ha invertido en la dirección opuesta.

En la carta también se cuestiona la actual reacción gubernamental: “Vemos con preocupación que la respuesta a la ola invernal se enfoca primordialmente en la infraestructura gris, esto es, en la construcción de diques, muros y obras de ingeniería, ciertamente necesarias en algunos sitios, pero a todas luces insuficientes si esto no se balancea con la inversión en la infraestructura verde para la mitigación y prevención de emergencias invernales. La infraestructura verde se traduce en entender la necesidad de recuperar y no intervenir las planicies inundables, no desecar las ciénagas, respetar las rondas de los ríos, entender la dinámica de los cursos de agua para trabajar con ellos y no contra ellos, no afectar ecosistemas estratégicos como páramos, humedales, manglares, entre otros. El ordenamiento y apropiación del territorio debe respetar estos criterios para evitar riesgos y reducir nuestra vulnerabilidad a eventos extremos”.

Estoy totalmente de acuerdo con esta propuesta de las ONG, e incluso propongo ir más allá: que no construyan jarillones, ni se compense a los latifundistas y urbanizadores que han generado sus ganancias invadiendo los cuerpos de agua, y que se aproveche que la naturaleza ha retomado estos territorios. Escuchemos la naturaleza y desplacemos de una vez por todas a los invasores de los reguladores naturales. Racionalicemos nuestras prácticas públicas y privadas y respetemos las leyes de la naturaleza. Y, claro está, utilicemos parte de las regalías mineras para apoyar a los desplazados pobres que por falta de oportunidades se ubicaron donde no debía ser.

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