Por: Rodrigo Uprimny

ONU, 70 años

El 26 de junio de 1945, cuando el mundo aún no salía de los horrores de la Segunda Guerra Mundial, 50 países firmaron con optimismo la llamada “Carta de San Francisco”, que dio nacimiento a la ONU. ¿Habrá algo que celebrar por estos 70 años de la ONU?

Los críticos dirán que no. Que la ONU es un gigante burocrático, que gasta mucha plata, pero cuyos resultados son casi nulos. Mi balance es menos pesimista.

La ONU se planteó esencialmente tres propósitos: i) asegurar la seguridad internacional para “preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra”; ii) favorecer la cooperación internacional para resolver problemas económicos, sanitarios y de desarrollo; iii) y promover el respeto universal de los derechos humanos.

Ninguno de esos tres propósitos de paz, desarrollo y derechos humanos ha sido plenamente alcanzado. Desde 1945 han ocurrido muchas guerras, que la ONU no pudo evitar; peor aún, algunas guerras injustas fueron en cierta forma legitimadas por la ONU, como la catastrófica invasión de Estados Unidos y sus aliados a Irak. La ONU tampoco ha logrado que exista un desarrollo incluyente y sostenible que beneficie a todos los pueblos del mundo. Y basta leer los informes de los múltiples organismos internacionales y nacionales de derechos humanos para saber que estamos lejos del respeto universal a la dignidad humana.

La ONU no ha logrado cumplir plenamente sus objetivos pero eso no significa que sea un fracaso pues surge otra pregunta: ¿cómo estaríamos si la ONU no existiera? Este interrogante es muy difícil de responder pues implica hacer suposiciones no verificables, lo que en lógica llaman un razonamiento contrafáctico. A pesar de esa dificultad, creo que hay buenas razones para concluir que sin la ONU la situación sería aún peor.

En desarrollo, la ONU ha logrado ciertos avances enormes, como la erradicación de la viruela. En derechos humanos, la ONU ha sido el escenario fundamental para la adopción de los principales instrumentos internacionales de protección de la dignidad humana. E incluso frente a la erradicación de la guerra, que parece su principal fracaso, el balance de la ONU es más positivo de lo que parece. La ONU evitó en gran medida que la Guerra Fría terminara en una catástrofe nuclear pues logró convertirse en un escenario de encuentro y discusión diplomática en el que han participado todas las potencias y casi todos los países, algo que nunca alcanzó su precursora y fracasada Sociedad de Naciones.

Los críticos tienen razón en que la ONU es costosa y que a veces es muy burocrática e ineficaz; y que no ha logrado materializar las promesas que formuló la Carta de San Francisco. Pero a pesar de todos sus defectos, la ONU ha contribuido en forma importante a que la humanidad siga existiendo y sea un poco más justa y menos cruel y violenta, pues ha domesticado parcialmente a los Estados nacionales y ha permitido enfrentar ciertos problemas globales. No hay que negar los defectos de la ONU pero la alternativa no es debilitarla sino fortalecerla.

* Director de Dejusticia y profesor de la Universidad Nacional

 

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