Por: Columnista invitado

Opciones para el manejo de Doña Juana y los residuos sólidos de Bogotá

Por: Carlos Costa*

Colombia ha avanzado mucho en materia de manejo de residuos sólidos en los últimos años, sin embargo, el punto de partida era tan bajo que seguimos rezagados. En 2002 sólo el 40% de los residuos sólidos urbanos eran manejados adecuadamente, el resto se desechaban en botaderos a cielo abierto o en vertimientos ilegales sin control. Según las estadísticas oficiales, hoy más del 98% de los municipios del país disponen sus residuos en rellenos sanitarios. Esto, que en primera instancia debería alegrarnos, en realidad es el inicio del siguiente problema: la saturación de los rellenos sanitarios existentes y la necesidad de nuevos rellenos sanitarios. Estamos en la misma situación en la que estaba la Unión Europea hace 30 años, por lo que vale la pena revisar su experiencia para ver si aprendemos y nos tomamos menos de 30 años para llegar a la situación en la que ellos están hoy. (LEA: Con reciclaje, en dos años Bogotá podría comprar a Neymar)

Ante una situación similar a la nuestra, la Unión Europea tomó la decisión de avanzar hacia la eliminación de los rellenos sanitarios. Para ello era necesario crear las condiciones, primero para reciclar el mayor porcentaje de residuos posible (volver a usar el plástico, el metal, el vidrio, etc); luego, sacarle provecho al remanente con usos como la producción de compost o la generación de energía; y finalmente destruir el remanente llevándolo a su mínima expresión. En el proceso se concibió y adoptó el concepto de economía circular, que pretende optimizar el uso de materias primas en los procesos productivos y reciclar al máximo, de manera que se minimice la necesidad de tomar nuevas materias primas de la naturaleza al tiempo que no se genere contaminación ni desechos. Para lograr esto fueron necesarios incentivos tributarios, económicos y subsidios entre otros. Si bien, esta alternativa es más costosa que la solución de los rellenos sanitarios, definitivamente es más sostenible. (LEA: Los pecados del relleno Doña Juana)

Tarde o temprano, Colombia tendrá que adoptar este camino porque la estrategia de los rellenos sanitarios tiene su límite. Es eficiente al principio, pero su ineficiencia y los costos de transacción aumentan progresivamente. Los rellenos se saturan, las sociedades crecen y generan más desechos, menores niveles de pobreza aumentan la generación de desechos per cápita, cada vez hay menos lugares apropiados para establecer rellenos sanitarios y, por último, nadie quiere un relleno sanitario en su comunidad. Si no cambiamos nuestra estrategia, cada vez habrá más basura y tarde o temprano será imposible encontrar donde botarla. (LEA: 20 años de una tragedia que no se supera)

Mientras tanto, mientras avanzamos hacia eliminar los rellenos sanitarios, tenemos la responsabilidad de operar nuestros rellenos sanitarios, apropiadamente y utilizarlos eficientemente para alargar su vida útil y para minimizar el impacto a las comunidades vecinas. Lo cual no es difícil, porque es una tecnología ampliamente conocida y sin mucho misterio. Un relleno sanitario bien construido y bien manejado no debe causar impactos ambientales importantes ni impactar a las comunidades vecinas. Inclusive el Relleno de Doña Juana. (LEA: El drama de vivir a 200 metros de Doña Juana)

El desastre de hace 20 años puede explicarse en buena parte porque el relleno de Doña Juana se inició antes de que existiera el Ministerio de Ambiente y las Autoridades Ambientales, por lo que los estándares de construcción y operación iniciales no respondían a los actualmente exigidos. Adicionalmente, luego de la creación del Sistema Nacional Ambiental, el proceso de normalización para los rellenos ya existentes no fue muy exigente. La situación actual, es diferente. Se cuenta con una licencia ambiental y una autoridad ambiental conocedora del tema para hacer seguimiento al cumplimiento de la licencia. Si el relleno está generando hoy problemas ambientales es por deficiencias de la operación y de control de la autoridad ambiental, que deberían poder resolverse haciendo la tarea con juicio. Pero el punto sobre el que quiero llamar la atención es la necesidad de adoptar una estrategia ambiciosa para alargar la vida útil del relleno. Estrategia además que sirva de transición hacia una política de Estado de clausura progresiva de los rellenos sanitarios. (LEA: 631.000 personas esperan indemnización tras el derrumbe en Doña Juana)

Los Ministerios de Vivienda y de Ambiente deberían considerar el caso de Bogotá como una oportunidad para avanzar en esa dirección, invitar al Distrito a construir la estrategia y aportar recursos. La estrategia debe estar basada en reducir al mínimo los residuos que llegan al relleno sanitario. Esta estrategia debe incluir elementos ya considerados en las normas, pero también propuestas novedosas. (Galería: Así ha cambiado el relleno Doña Juana en 17 años)

Es necesario montar de manera efectiva el proceso de separación en la fuente, rutas selectivas e invertir recursos importantes en plantas de reciclaje y aprovechamiento. No podemos esperar que las inversiones de estas plantas sean hechas en su totalidad por privados. Asociaciones Publico Privadas con el requisito de participación de recicladores puede ser la solución, pero debe haber un aporte público importante.

El manejo de los residuos orgánicos requiere de un tratamiento diferenciado. Su alto contenido de humedad y origen orgánico genera problemas en el relleno sanitario, mientras que por todos es conocido su potencial uso para la producción de compost. Particularmente los residuos orgánicos provenientes de las plazas de mercado que tienen niveles mínimos de contaminación con otros residuos, son especialmente útiles para esta tarea. De nuevo esto debe tener incentivos financieros públicos porque en ninguna parte, que yo conozca, la producción y venta del compost a partir de residuos sólidos urbanos paga los costos y genera utilidades.

Adicionalmente es oportuno considerar la alternativa de la valorización energética de residuos o generación de energía a partir de los residuos con poder calorífico. Si en el proceso de manejo de residuos se logra separar el material con poder calorífico, este puede ser convertirse en una materia prima y utilizarse en hornos térmicos.

Estas son algunas alternativas, existen más y son conocidas, la barrera está en que estamos esperando que estas alternativas cierren financieramente con los recursos de las tarifas actuales de aseo, o con inversión privada. Necesitamos adoptar instrumentos económicos que permitan el cierre financiero de estas estrategias y Bogotá debería ser el piloto para guiar el desarrollo del país en esta materia.

 

*Decano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de La Salle

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