Por: Manuel Drezner

Ópera de Pekín

En el Teatro Santo Domingo hubo una presentación de un grupo de ópera de Pekín, género escénico que fuera declarado por Unesco Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Por eso hay que considerar que fue afortunado que los intentos de la lamentable “Revolución cultural” de Mao no pudieran acabar con ese arte, como de hecho intentó hacerlo. Pero las tradiciones de un espectáculo atractivo pudieron más que Mao y en la contrarrevolución renació con todo el esplendor, con numerosas compañías dedicadas a presentaciones tradicionales y otras no tan tradicionales. Por ejemplo, en el mismo teatro hace algunos años, otro grupo de ópera de Pekín presentó una adaptación del Hamlet de Shakespeare que mostró que el género puede evolucionar. Entre las categorías de lo que llaman ópera china, que se remontan al siglo VIII, la de Pekín es la más reciente, pues se originó hace sólo unos 200 años, pero por mucho tiempo fue la más atractiva y a través de ella fue como en nuestros países se conoció este arte milenario. Tradicionalmente, la ópera de Pekín combinaba danza, canto y recitado, peleas y momentos acrobáticos, pero el grupo que nos visitó y que se presentó en el Teatro Santo Domingo hizo variaciones, de las cuales la más notable fue la eliminación de esas espectaculares acrobacias que formaban parte de otras presentaciones que se han hecho por estos lados. Eso sin duda le quitó uno de los atractivos que la ópera de Pekín tiene para el espectador común, ya que los acróbatas del género son algo increíble.

Lo que nos mostró el conjunto visitante fue una serie de escenas de obras tradicionales de la ópera de Pekín, entre ellas uno de los hitos tradicionales, la llamada En la encrucijada, donde hay una pelea que, se supone, sucede en la oscuridad y requiere de una coordinación única entre los protagonistas. Igualmente se presentó un fragmento de la batalla del Rey Mono contra el Rey Dragón, obra que se remonta al siglo VII y de la que sólo vimos una selección mínima de algo que en su versión original duraba varias horas.

En todo caso es refrescante ver esos ejemplos de otras culturas, y aunque en el pasado ha habido lugar a presentaciones verdaderamente espectaculares e inolvidables de ópera de Pekín, esta que se comenta sirvió como elemento informativo para quienes no habían tenido oportunidad de conocerla. Incidentalmente, noto que cada vez se vuelve más a la transliteración antigua de la escritura china y se ha retornado al Pekín de antes y no se usa el extraño Beijing de los últimos tiempos.

 

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