Por: Tatiana Acevedo Guerrero

Operación Guerra

En días pasados se trasladaron a Europa el procurador Carrillo y el fiscal Martínez para buscar evidencias sobre la llamada “Operación Lezo”. El lío internacional tiene que ver con la cadena de sobornos que la empresa de aguas de Madrid, Canal Isabel II (dueña de la Triple A en Barranquilla), orquestó en América Latina. La operación “Lezo”, en honor al “almirante español que salvó a Cartagena de los piratas ingleses”, fue noticia cuando en 2009 el vicepresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, fue filmado entrando a una casa en Cartagena con bolsas llenas (presuntamente de plata) y saliendo sin ellas. El escándalo se suma al otro reciente que involucró a la empresa española prestadora de electricidad en la región.

Mientras Canal Isabel II se desbarata ante los cargos de corrupción, la propietaria del negocio de electricidad, Gas Natural Fenosa, se prepara para demandar a Colombia por sus supuestas pérdidas económicas. El mal momento de ambas empresas invita a reflexionar acerca del nexo entre las infraestructuras de agua y electricidad en el Caribe colombiano. Las partes que componen la infraestructura de acueducto necesitan el sistema de energía eléctrica para trabajar. Las estaciones de bombeo, que aseguran el flujo de agua potable y alcantarillado en Barranquilla, y las plantas de tratamiento de agua, dependen de una corriente eléctrica continua. El correcto funcionamiento de la infraestructura eléctrica se vio afectado por el de la infraestructura de drenaje. Específicamente los cables, las líneas de distribución, los postes, los transformadores y las centrales eléctricas se afectaron por inundaciones y por la velocidad de los arroyos. A través del estudio del agua y la energía eléctrica en Barranquilla se puede estudiar el pasado de la ciudad durante el conflicto armado. A medida que este se extendió a las zonas rurales y los grupos paramilitares realizaron masacres para acaparar tierras, la vida cambió en las ciudades. Desde 1996 hasta 2014, 117.326 desplazados llegaron al suroeste de Barranquilla. A pesar de su falta de infraestructura, esta localidad se expandió a medida que las familias desplazadas —pequeños terratenientes o campesinos sin tierra, muchos de ellos afrocolombianos— construyeron nuevos barrios.

Mientras el desplazamiento forzado ocurría, las empresas públicas de agua y energía fueron liquidadas y vendidas. En medio de la crisis no hubo mucha inversión en la ampliación de la red eléctrica en los nuevos barrios, y hubo un cese en todas las actividades de mantenimiento. La mala infraestructura eléctrica se derrumbó en el sur, donde los arroyos se habían vuelto más frecuentes debido a la rápida urbanización. Los cortes de electricidad, a su vez, desencadenaron daños en otras infraestructuras, y por consiguiente, crisis de agua y saneamiento en la localidad.

A comienzo de los años 2000 eran 26 los barrios sin infraestructura eléctrica en el suroeste de Barranquilla. Jóvenes de la comunidad, llamados marañeros, construyeron redes artesanales. Estas comunidades fueron posteriormente clasificadas oficialmente como “subnormales”, y aunque debieron hacer sus propias conexiones, se les pidió que pagaran una factura. Durante los episodios de daños y mal funcionamiento, cuando la lluvia y los arroyos dañaron la red eléctrica, los marañeros estuvieron constantemente en riesgo de accidentes debido a descargas eléctricas. Entre tanto, estas mismas familias acumularon deudas con la empresa de agua. A pesar de las protestas, ni el estado central ni el municipio ni las empresas de servicios públicos asumieron ninguna responsabilidad.

En 1997 el gobernador del Atlántico, Rodolfo Espinoza, propuso construir un espacio para las poblaciones desplazadas (para que no “deterioraran” Barranquilla). En lugar de recibir a las comunidades desplazadas, propusieron reasentarlas en baldíos en el sur del departamento. Sin embargo, en lugar de un nuevo municipio, las autoridades proponían una especie de campamento de refugiados, ya que además de los planes para construir bloques de viviendas, no había planes para generar empleo o proporcionar salud y educación a estas poblaciones. El municipio nunca fue construido pero la creación de un lugar separado donde llegarían todas las víctimas de la guerra, sin interrumpir la vida cotidiana de la ciudad, se cristalizó en el suroeste de Barranquilla. Con la ayuda de las multinacionales españolas que se lucraron del proceso.

 

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