Por: Laura Rojas Aponte

Operadora, ¿en qué puedo ayudarle?

Corría la década de 1870 y Alexander Graham Bell tenía un problema con uno de sus inventos, el teléfono. Aunque su sistema era significativamente más práctico que otras tecnologías, aún requería de una central de teléfonos —con operadores humanos— para conectar a una línea telefónica con otra.

Y contratar operadores resultó ser un reto. Al principio Graham Bell acudió a las oficinas del telégrafo y reclutó a los chicos que trabajaban allá. Era razonable, ellos tenían experiencia en la industria de las telecomunicaciones. Pero la idea salió mal porque cuando los chicos contestaban las llamadas eran groseros, hacían bromas y no se tomaban el rol con la seriedad del caso.

¿Qué hacer? Pues a la gente del Boston Telephone Dispatch (la central de teléfonos) se le ocurrió traer a operadoras, con A. Entonces el 1° de septiembre de 1878, Alexander Graham Bell contrató personalmente a Emma Nutt, la primera operadora de teléfonos del mundo. En el mismo día la central también contrató a su hermana y ambas formaron una cultura de trabajo que permeó al mundo entero.

Las hermanas Nutt eran cordiales y muy atentas. Así que el Boston Telephone Dispatch tomó como política contratar mujeres. Debían ser solteras, altas (para alcanzar a la parte de arriba de la máquina), tener entre 17 y 26 años y no ser ni judías, ni afrodescendientes. (Feo, ¿no?).

A medida que los teléfonos se expandieron, las nuevas centrales siguieron el ejemplo establecido en Boston y así la figura de “la operadora” se volvió famosa. Tanto que en los 90, cuando yo era pequeña, tenía un celular de juguete que repetía: “Operadora, ¿en qué puedo ayudarle?”.

Durante varias décadas del siglo XX, las comunicaciones incluían a una voz femenina que ayudaba cordialmente. Alguien que se camuflaba con la tecnología y estaba allí siempre dispuesta a ayudar. Recientemente pensé en estas chicas gracias a Siri, Alexa, Bixby y otras voces que nos hablan desde la bocina de nuestro celular.

Es increíble que hoy sea posible hablarle a un teléfono en lugar de teclear u oprimir botones: nosotros simplemente decimos “Siri, llama a mi mamá” y el aparato ejecuta. O quizá “Ok, Google, pon una alarma a las 6 a.m.” y el despertador queda listo. Así ustedes no lo usen, las funciones de voz vienen preinstaladas en la mayoría de los celulares y se están expandiendo a computadoras, parlantes y otros aparatos.  

Cuando miro a esas voces, no puedo evitar notar que la mayoría imitan a jóvenes mujeres serviciales. ¿Le han puesto atención a la voz de Waze? Me pregunto si esas asistentes virtuales son herencia de las hermanas Nutt, así como los celulares son herencia del teléfono de Graham Bell.

Sin duda, la tecnología que usamos hoy tiene encima la historia de inventos del pasado y muchas veces carga con sesgos extraños. Quizá por eso vale la pena examinar las voces robóticas de nuestro tiempo, a ver si encontramos qué dicen de nosotros.

Y si el tema les llama la atención, pues pueden aprender más haciendo clic en el episodio de podcast que aparece abajo (ojalá desde su celular, ojalá mientras van en el carro o en el bus).

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