Por: Ramiro Bejarano Guzmán

Operativo Ja Ja

NO CONOZCO AL CONCEJAL DE CHÍA Carlos Martínez, tristemente célebre por la escapada que protagonizó cuando fue sorprendido durmiendo en una camioneta estacionada en plena vía pública, pero por lo que se sabe de su accidentado periplo, fácil resulta concluir que es otro chisgarabís de la fauna política.

De ese joven malcriado no vale la pena ocuparse. Lo que merece atención es el comportamiento errático de la policía involucrada en la aparatosa huida del destituido concejal, porque en otro país les habrían llovido rayos y centellas a los uniformados que fueron testigos de este penoso suceso.

La policía descubrió una camioneta parada en plena avenida Caracas con calle 53, poco antes de las cinco de la mañana, cuando todavía no había amanecido, dentro de la cual dormían dos hombres. Los agentes intentaron despertar a la pareja, pero no lo consiguieron prontamente, pues las imágenes siguientes que presentaron los noticieros permiten apreciar que cuando por fin terminó el dulce sueño, ya era de día. Era obvio que una camioneta parada en vía principal a la madrugada, con llantas averiadas y con personas adentro dormidas, solamente podía sugerir que se trataba de dos borrachos.

Pero lo que sucedió después francamente deja interrogantes sobre la competencia policial. En efecto, cuando a los dos hombres les vino en gana despertarse, no obstante que su carro tenía averiadas dos llantas, el intrépido concejal, sin importarle las cámaras de televisión y los policías que allí se encontraban, prendió el vehículo, echó reversa y se largó sin que nadie lo hubiese detenido. Y entonces vino lo peor. El huidizo tomó las de Villadiego en un automotor que andaba renqueando y tampoco pudieron detenerlo, ni siquiera con la balacera que desplegaron para inutilizarle las otras dos llantas. Y todo terminó con que el pequeño héroe ingresó a una brigada militar donde finalmente fue detenido, y además golpeado por otro ciudadano indignado que quiso hacerse justicia por propia mano.

Naturalmente, todo lo que hizo el concejal Martínez es grotesco y censurable, pero ello no exonera a la policía de la risible caricatura que dejó en la retina de los televidentes, cuando vimos estupefactos cómo un contingente de uniformados no pudo con un borracho dormido que se les despertó, se les voló, lo persiguieron, abalearon su carro y al final logró escabullirse en una guarnición militar. Y todo debidamente filmado. Lo que logró el concejal con su ruidosa fuga fue imitar el programa humorístico de televisión de los años 70 Operación Ja Ja, conducido por el genial Pacheco, sustituido luego por el popular Sábados Felices.

Hay quienes ponderan la prudencia de la policía dizque por no haber incurrido en abusos para detener la loca carrera de Martínez. Qué va, no faltaba más que al bochorno de verse burlados ante las cámaras, los uniformados que persiguieron al concejal además hubiesen sucumbido a la insensatez de maltratarlo en vivo y en directo.

Mucho me temo que esa cultura de los falsos positivos está deteriorando la actividad policial. Todo el mundo se ha fijado en ese charlatán del concejal, inclusive el oportunista procurador se acordó de destituirlo definitivamente sólo hasta esta semana, cuando lo que quedó en evidencia fue que nuestra policía por andar enredada en la orgía de mostrar resultados que queden grabados para los noticieros es capaz de todo, hasta de exponerse a la más gigantesca payasada. Ciertamente, la policía de tránsito en los últimos tiempos ha adoptado la costumbre de filmar a algunos infractores, casi siempre políticos, para luego exponerlos al escarnio. Este procedimiento constitucionalmente deja muchas dudas sobre su licitud, porque lesiona los derechos fundamentales de quien se ve envuelto en un problema de tránsito. Pero esta vez, que les quede claro, les salió el tiro por la culata. Ya está bien tanto afán mediático.

Adenda. Un país que no se estremece cuando sus jueces y funcionarios judiciales son encarcelados por supuesta corrupción, no tiene salvación.

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