Por: José Fernando Isaza

Opinión

LOS GOBERNANTES AUTÓCRATAS Y ególatras, sean de izquierda o de derecha, que se aferran al poder con más fuerza que un náufrago a un palo, justifican sus decisiones en nombre de la opinión mayoritaria.

Son bien conocidos en la historia universal Stalin, Hitler, Mussolini, Franco, Pol Pot, y los locales como Uribe, Petro, Castro, Chávez, Pinochet. Los autócratas olvidan que la democracia no solo es el gobierno de las mayorías, sino el respeto de los derecho de las minorías.

Muchos déspotas se perpetuaron en el poder amparados en mayorías obtenidas en referendos: Uribe trató de hacerlo recurriendo al “estado de opinión”, contraponéndolo al Estado de derecho. No siempre las mayorías tienen razón, como lo muestran los éxitos electorales de Hitler y Pinochet. Textos religiosos como el Nuevo Testamento recuerdan cómo el pueblo prefirió indultar a Barrabás, conocido delincuente, y condenar a muerte a Jesucristo.

Ante la incapacidad comprobada de ejecutar obras que mejoren la movilidad, Petro ha optado por aumentar los días sin carro, con gran beneplácito del gremio de taxistas, que obtienen un aumento sustancial de la demanda por sus servicios. El argumento del burgomaestre es: “la opinión es favorable a esta medida”.

Aceptando que las encuestas así lo corroboren, puede legítimamente preguntarse: ¿Por qué no actúa en consecuencia con otras manifestaciones de la opinión? En la encuesta de febrero de CM&, el 69% de los bogotanos desaprueban la gestión del alcalde, el 31% la aprueba. Un deterioro sustancial con los resultados de enero, en los cuales también la mayoría, 59%, desaprueba la gestión de Petro. En la misma forma que justifica la medida del Día sin Carro por la opinión favorable, debería retirarse del cargo que ocupa por la misma razón. Por supuesto que no lo debe hacer.

Si se realiza una encuesta sobre la aceptación por parte de la ciudadanía del incremento del impuesto predial, con casi absoluta certeza la mayoría lo rechazaría. ¿Debería el alcalde reversar la actualización del predial? Por supuesto que no.

Una democracia aspira que sus gobernantes tengan una visión clara de sus programas y políticas y no simplemente tomar decisiones al vaivén de la cambiante “opinión pública”.

El Día sin Carro surge de una decisión tomada en las urnas en la época de Peñalosa. Se preguntó a los votantes si querían uno o más días sin carro al año. Se aprobó un día. Es por lo menos dudosa la legalidad de un decreto que deroga una consulta popular.

Algunos cínicos y pesimistas ante la realidad, que muestra que la probabilidad de elegir malos alcaldes en Bogotá es significativamente alta, dicen: disfrute el gobierno de Petro; es posiblemente uno de los malos alcaldes, pero con alta probabilidad es mejor que los que se elegirán en el futuro. No hay que ser tan pesimista; por una parte, no es fácil superar la ineptitud ejecutiva de Petro, y por otra, hay al menos unos buenos candidatos: Clara López, Rafael Pardo, Carlos Vicente de Roux.

Mejor que otro día sin carro sería disfrutar de algunos días sin Petro.

En buena hora la Corte Constitucional dejó sin piso una extemporánea revocatoria del alcalde. Sería un gasto innecesario para cambiar, si hubiera ganado la revocatoria, por poco tiempo a Petro por un alcalde que él mismo designe, pues con seguridad ternaría a seguidores de igual o menor capacidad administrativa para que el efecto de comparación no le fuera desfavorable.

 

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