Por: Arlene B. Tickner

Opinión pública, paz y participación internacional

Si bien los colombianos siguen apoyando los diálogos de paz con las Farc en La Habana como mejor opción para dar fin al conflicto armado, el más reciente sondeo de Gallup indica que un porcentaje significativo (41%) favorece una salida militar.

Aunque el papel de actores externos en estas negociaciones ha sido menor en comparación con el Caguán, el hecho de que estén teniendo lugar por fuera de Colombia, con acompañamiento de Cuba, Venezuela, Noruega y Chile, y bajo el ojo vigilante de la Corte Penal Internacional, sugiere que, además de los enredos propios del proceso y de los esfuerzos de saboteadores como el expresidente Uribe, las percepciones que tiene la opinión pública pueden estar atravesadas por ingredientes internacionales. Algunos resultados de dos encuestas realizadas por la Universidad de los Andes, ¿Qué piensan los colombianos sobre el actual proceso de paz? Barómetro de las Américas y Colombia y el mundo, ayudan a entender por qué.

Ambas encuestas sugieren que la participación internacional, tanto en las conversaciones de paz con las Farc como en la implementación posterior de los acuerdos, goza de relativo apoyo. Mientras que un 63% de los colombianos está de acuerdo con que actores externos participen en la búsqueda de una solución negociada al conflicto, la opinión se divide en torno a la ayuda extranjera para implementar lo acordado: 46% se muestra a favor y 40% en desacuerdo.

Entre los actores que la población considera que deberían acompañar la negociación e implementación de la paz, se destaca la ONU, seguida por el gobierno de los Estados Unidos. En cambio, Cuba y Venezuela cuentan con tasas bajísimas de aceptación que pueden interpretarse como un rechazo a su participación. Por su parte, la Unión Europea y sus países miembros, pese a la trayectoria de algunos como Noruega en asuntos de paz, gozan de poco respaldo. En Colombia y el Mundo, la identificación de Estados Unidos como actor idóneo para la paz coincide con los altos niveles de confianza, admiración y aprobación que manifiesta la población hacia ese país y su presidente, Barack Obama. De forma similar, la falta de conformidad con Cuba y Venezuela se refleja en la antipatía que producen ambos países, así como sus líderes.

En opinión de los colombianos, la autoridad de los tribunales internacionales para defender los derechos humanos es comparable a la de la ONU. Un 55% está de acuerdo en que ciudadanos acusados de crímenes de lesa humanidad que no hayan sido juzgados en el país sean juzgados afuera. Sin embargo, llama la atención que cuando esa persona es un guerrillero, la aprobación disminuye drásticamente: tan sólo el 19% apoya la intervención de la justicia internacional en estos casos, mientras que el 68% está en desacuerdo.

Estos hallazgos alertan sobre varios puntos: primero, la necesidad de comunicar mejor el alcance del rol positivo de Cuba y Venezuela en el proceso con las Farc; segundo, el valor estratégico de un respaldo más enérgico a la paz por parte de Estados Unidos y la ONU, y tercero, el margen de maniobra que puede existir ante la opinión pública para acomodar el esquema de justicia transicional que emerge de La Habana, tanto a las necesidades del país, como a las exigencias de la justicia internacional.

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