Por: Santiago Gamboa

2016: Paz vs. Ignorancia Interna Bruta

Lo mejor del año: la firma de los acuerdos de paz con las Farc y el premio Nobel de la Paz a los colombianos —en especial a las víctimas— en la persona del presidente Juan Manuel Santos.

El personaje: por haber propiciado esta segunda independencia, Santos se convierte en el político más importante de la historia republicana del país, y en el colombiano más respetado y reconocido universalmente, al lado de García Márquez y Fernando Botero.

Lo más vergonzoso: el surgimiento de un nuevo indicador nacional sobre el estado mental del país al que podríamos llamar IIB, por sus siglas: Ignorancia Interna Bruta.

La palabra: posverdad. Colombia, que gracias al Centro Democrático fue pionera en el uso político de la IIB, dio múltiples pruebas del uso de la posverdad. Ejemplos: la trampa y el engaño a una parte de la población para votar No en el plebiscito. El sugerir, usando a la pobre Karla Arcila de RCN de idiota útil, que un Nobel se puede comprar, creyendo de un modo provinciano, ignorante y tonto que el resto del mundo funciona como funcionan ellos. ¡Y los burros lo repiten! O el patético intento por transformar el dossier Andrés Felipe Arias en asunto político y relacionarlo con los acuerdos de paz. ¿Qué tendrá que ver haberle regalado la plata del Estado a varios ricachones para que se la devolvieran en forma de regalos personales o apoyos políticos con los acuerdos de La Habana? Misterio. Pero los ignorantes repiten y caen de rodillas, haciendo subir el índice IIB.

Las víctimas: Yuliana Samboní, la niña indígena desplazada. Y los más de 100 líderes sociales asesinados.

El tonto contemporáneo 2016: sin duda Juan Carlos Vélez, por la histórica “escupida para arriba” que dejó en calzones al Centro Democrático, el cual, apelando de nuevo a la IIB, argumenta que Vélez estaba borracho, pero olvida que de ser así debió estarlo al menos dos meses seguidos: desde el inicio de la campaña hasta la entrevista de La República. Y olvidando la máxima latina: si in vino veritas, in aguardiente antioqueño figúratis!

Las novelas del año: volviendo a cosas buenas, ya he escrito sobre tres excelentes obras del 2016. Una es La cuadra, del antioqueño Gílmer Mesa. Otra Declive, del gran novelista caleño Antonio García, y la tercera La melancolía de los feos, de mi amigo y cuasi hermano Mario Mendoza. Tres imprescindibles.

Periodismo: lo más notable es el libro de Alejandra de Vengoechea, Mujeres que cuentan verdades, con seis soberbios reportajes a periodistas colombianas. La escritura de Alejandra de Vengoechea es magnética, precisa, y la imagen que da de esas seis comunicadoras, forjadas a pulso en un mundo de varones, es al mismo tiempo una lúcida radiografía del periodismo colombiano.

Frase del año: la que dicen los propietarios de restaurantes populares, los que ofrecen el célebre corrientazo (con “principio” de lentejas, etc.), y que repiten los recalcitrantes uribistas del Nunca: “Los principios no se negocian”.

Despedidas tristes del 2016: la de Hugo Restrepo el 12 de agosto, mi suegro, intelectual y amigo. La de Fidel, el gran político de Latinoamérica. Y la más reciente: Pepe Sánchez, el maestro de la narración de historias y del humor.

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