Por: Luis I. Sandoval M.

2018: ¿Qué será de la paz?

La transición es un proceso afortunado en la vida de un país: se pasa de la colonia a la independencia, de la monarquía a la república, de la dictadura a la democracia, de la guerra a la paz…

El paso también puede ser de un tipo de república a otro: de un régimen presidencial a uno parlamentario, de una república oligárquica a una república popular o social. Incluso el tránsito, en perspectiva más estructural, podría ser del capitalismo al socialismo sin prescindir de libertades democráticas.

Abandonar lo viejo y comenzar a construir lo nuevo necesita ordinariamente de actores especiales que echen mano de recursos especiales durante un tiempo especial: ahí es donde cabe uno o varios gobiernos de transición.

Un gobierno de este tipo, en el tránsito de la guerra a la paz, tiene la misión de dar garantías a todos los actores, existentes y emergentes, cumplir la etapas previstas y organizar con instituciones y recursos adecuados la implementación de los acuerdos suscritos para terminar la confrontación.

Cuando la transición ha tenido como soporte un consenso muy amplio o unánime de las fuerzas sociales y políticas, todo transcurre con relativa facilidad. Cuando el contexto de la transición presenta significativas diferencias, inclusive una aguda polarización, más necesario resulta un gobierno de transición con miras a superar las enormes  dificultades que se interponen en la construcción de la paz.       

Pero no hay gobierno de transición, no puede haberlo, sin coalición de las múltiples fuerzas decididas a defender los acuerdos y a desarrollarlos. Ya se tuvieron en el país dos episodios de coalición para la paz: uno terminó en victoria con la reelección del Presidente Santos el 21 de marzo de 2014, otro terminó en derrota como fue el plebiscito del 2 de octubre de 2016.

En esas dos experiencias la coalición fue inorgánica, no tuvo un explícito y formal entendimiento programático, ni supuso la obligatoriedad para el Presidente de compartir las responsabilidades de gobierno. El país no ha tenido un verdadero gabinete de paz.

Quienes con sus  votos dispersos aportaron el plus que le dio el triunfo al Presidente no tuvieron fuerza para exigir correctivos de fondo en la conducción del proceso de paz. Por eso al momento del plebiscito pesaron más las fuerzas cohesionadas del NO que las fuerzas des-cohesionadas del SI.

No puede frente al reto de 2018 pasar lo mismo. Ahora hay un elemento nuevo a favor: la extraordinaria movilización ciudadana de las semanas subsiguientes al 2 de octubre. Las fuerzas pro paz hoy en el gobierno y en el congreso no son suficientes para triunfar en 2018 y garantizar el cumplimiento de los acuerdos de paz, ellas requieren el concurso insustituible de la movilización y el voto del conjunto de fuerzas alternativas.

Está por emprenderse el gran diálogo entre partidos, movimientos, iniciativas de paz, comunidades territoriales y antiguos insurgentes para definir los términos en que puede abordarse un entendimiento con las otras fuerzas pro paz para 2018. Coalición para la paz, oposición al modelo quizá sea la fórmula. ¿De qué otra manera actuar en un ambiente de fractura política absoluta?    

Voces importantes del liderazgo político, social y académico, compatriotas en el exterior, han planteado el tema, también los jefes de las FARC lo cual no debe extrañar porque a eso vienen los exinsurgentes, a hacer política, y este asunto constituye un problema político de primer orden que es preciso solucionar a tiempo con inteligencia y audacia por parte de los actores de paz responsablemente unidos. Nada fácil. “Unir inteligencias singulares en una razón común es algo milagroso”.

@luisisandoval

 

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