Por: Hernando Roa Suárez

45 años de periodismo de opinión

El presente es un extracto de la intervención en el auditorio de Compensar-94, el 24 de agosto, con motivo de la presentación del libro de mi autoría: CONSTRUIR DEMOCRACIA. 45 AÑOS DE PERIODISMO DE OPINIÓN. Universidad Nacional-Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales, IEPRI; Universidad Javeriana-Instituto Pensar; Compensar; Domopaz; Redunipaz; Grupo Editorial Ibáñez. Bogotá 2016.

¡Cuán grato leer y escribir para cooperar -a través del periodismo de opinión- a fortalecer nuestra democracia!: H. Roa.

“El que usa las armas para hacerse oír, no tiene poder real para la democracia”: Alma Guillermo - Prieto.

Me alegra inmensamente que, en este momento tan importante de la historia de Colombia en el siglo xxi, nos reunamos a pensar en la construcción de nuestra democracia. Nací, cuando se iniciaba la barbarie de la segunda guerra mundial y, a mis 77 años, nos encontramos ad portas de cristalizar el fin del conflicto con las FARC. El Señor Presidente Santos tiene razón: “Debemos prepararnos para construir un nuevo país”. Los demócratas lo esperamos justo: con estructuras que garanticen la equidad ante el poder; pacífico con ausencia de violencias abiertas,  estructurales y culturales; libre: relacionado con todas las naciones, sin sometimiento a ninguna potencia; en búsqueda de un proceso de desarrollo sostenible con un medio ambiente centrado en lo humano, que no sacrifique las generaciones presentes y futuras.

Los capítulos del libro: Política y Democracia; Estado; Gobernabilidad; Paz; Liderazgos Políticos; Política y Periodismo; Nuestras Fuerzas Militares y de Policía; Grandes Entrevistas; Liberalismo y Social Democracia; Análisis Político. Casos; Administración Pública y Ciencia Política; Problemática Ambiental; y Cultura y Sociedad, trabajan temas vinculados al posconflicto.

SOBRE EL PERIODISMO DE OPINIÓN. Preguntémonos: ¿Por qué escribir periodismo de opinión con conciencia democrática? Un gran colombiano: El Presidente Alberto Lleras Camargo, a partir de 1957 y hasta el fin de sus días, nos enseñó la eticidad y consagración con que debemos trabajar los funcionarios públicos y también   -desde muy joven- cómo utilizar la vocación periodística para afianzar los valores democráticos de los colombianos. Su ejemplo y el de mi padre Rafael Roa Rivera, fueron decisivos para desarrollar mi vocación como periodista y el ejercicio riguroso y ético de la vocación como funcionario público.

Ahora, en nuestro país, más no solo entre nosotros, es un  momento crucial para impulsar el surgimiento de un nuevo periodismo; de un periodismo que afiance la enseñanza teórico-práctica de la política como arte y ciencia y los valores sustantivos de la democracia participativa en el siglo xxi. Así mismo, necesitamos que se renueve la importancia del oficio del reportero y por ello recuerdo las afirmaciones de Darío Restrepo, al recibir el Premio Simón Bolívar en 2009: “La verdadera amenaza, en cualquier parte del mundo, está en el reciclamiento periódico de las autocracias legales o ilegales, y en la simultánea desaparición del reportero con capacidad de  asombro  y duda beligerante -como diría Bachelard-.  Desde Moscú hasta Buenos Aires, desde Teherán hasta Caracas, pasando por Bogotá y Quito, los gobernantes con vocación mesiánica tratarán de acorralar al reportero curioso. …Necesitamos reporteros  cuya única certeza sea dudar y dudar sin encrucijadas en el alma”.

Este, es un momento muy oportuno para crear conciencia en las directivas universitarias para replantear el pensum y el currículum de las Facultades de Periodismo y Comunicación Social –mas no solo los de ellas-  de tal manera, que produzcan comunicadores,  periodistas y profesionales que estén a la altura de su misión. Necesitamos una formación interdisciplinaria que impulsando comunidades académicas, les permita a sus miembros el abordaje de la complejidad de la realidad. Las Facultades están invitadas a organizar escuelas  de periodismo y comunicación que integren: pregrado, especializaciones, maestría, doctorado, educación continuada y centros de investigación, asesoría y consultoría. Los convoco comedidamente a internacionalizar – con el empleo de los más altos niveles de las tecnologías comunicativas  vigentes-  el proceso de formación, investigación y servicio, que constituye el núcleo de una escuela de periodismo contemporáneo.

Para culminar esta parte de mi presentación, recordemos aportes de la periodista mexicana  Alma Guillermo Prieto: “Hay que hacer un periodismo vivo, que entusiasme; usarlo con herramientas éticas. Después de prepararse, escribir con palabras motivadoras para mejorar el futuro; él nos debe pertenecer. Los jóvenes cibernetizados quieren hacer cosas nuevas. Quieren hacer historias y contarlas bien. El que usa las armas para hacerse oír,  no tiene poder real para la democracia”

Y, EN TORNO AL LEER Y EL ESCRIBIR, QUÉ DECIRLES?  ¿Sería pertinente comentarles las alegrías que me produjeron las publicaciones en la revista La Hora que dirigía Javier Darío Restrepo en 1969? ¿O sobre mis primeras colaboraciones con las Lecturas Dominicales de El Tiempo que dirigía Enrique Santos Calderón en 1971? ¿O  a propósito de las publicaciones paulatinas de mis entrevistas con Mario Bunge, Johan Galtung, José Antonio Viera-Gallo y Daniel Samper?  Y: ¿por qué no hablarles, por ejemplo, de la serie de artículos que produje para El Espectador sobre la política como arte y ciencia?; ¿o sobre la gobernabilidad?; ¿O sobre el inmenso dolor que me produjeron los asesinatos de Guillermo Cano, Luis Carlos Galán y los líderes de la U.P.  y de los otros grupos políticos?; ¿Y por qué no,  sobre el trabajo dispendioso que implica mantener una columna de opinión durante 45 años?

Hoy  voy a contarles, más bien, un secreto que sólo mi esposa Rosa Margarita compartió conmigo, cuando el 13 de diciembre de 2000,  a raíz de mi artículo en el periódico El Mundo de Medellín, sobre: ¿Por qué escribir, recibí un mail  de un escritor antioqueño  que,  en forma dramática, me narró que se iba a suicidar ese día  y al leer la columna, replanteó su existencia y vocación. Sentí una reconfortante alegría por contribuir a salvar un ser humano, que no conocía y ello se produjo por el esfuerzo histórico de compartir con los lectores, las artes y los oficios de leer y escribir.

Complementariamente, en 2006 y a raíz del artículo publicado en El Espectador, el 22 de agosto, sobre Leer y escribir, hoy recibí una cordial invitación de Alicia Lepre La Rosa, Coordinadora Editorial de la Revista Innovación Educativa de México, donde me solicitaba si el artículo publicado, podría ser incorporado en un próximo número. Esta publicación y algunas más, devinieron en que, a partir de marzo de 2008, tengo el honor de pertenecer al Comité Editorial  de ésta excepcional publicación Iberoamericana.

Entonces, séame permitido compartir con ustedes y con los representantes del Círculo de Periodistas de Bogotá que  nos acompañan,  unas reflexiones sobre el leer y el escribir que se  produjeron  a medida que fui pergeñando las columnas y las entrevistas que están incluidas en el libro. Veamos: Leer y escribir sí, dos formas de manifestarse nuestro idioma; dos verbos claves para el ejercicio del dulce, arduo e histórico oficio de Maestro. Y Fernando Vásquez nos dice: “Escribir: un acto de reconocimiento.  La escritura es como un yunque en el cual podemos medir la calidad material del pensamiento...” “En el acto de escritura, entonces, comprobamos si somos meros repetidores o productores de conocimiento”. Leer y escribir son compañeros. ¿No será usual que, después de una lectura sustanciosa, además del placer que recibimos, nos provoque escribir sobre lo leído o sobre aspectos distintos y complementarios?

Leer y escribir van de la mano. Cuán útil saber leer contextualmente para dialogar con la herencia que en ellos se plasma. Ahora, sabemos bien que leer y escribir son dos actividades sustantivas para el ejercicio de la bella vocación del pedagogo y del Maestro. ¿Y si no nos enseñaron a leer y escribir, sino sólo a memorizar y a repetir mecánicamente los actos gnoseológicos de otros, qué hacer? Una sugerencia: no nos debemos dejar condenar a permanecer en la ignorancia del placer que implica leer y escribir. 

Leer y escribir es explorar todo lo que se puede hacer con las palabras y todo lo que las palabras pueden hacer contigo. Leer y escribir en silencio porque recogidos en él, nos sentimos vivos. Leer y escribir en soledad para encontrarnos con nosotros mismos en medio de tanta superficialidad transmitida por los medios de comunicación, especialmente por los realities y las “telebobelas”, salvo excepciones. “Porque, como sostiene el mexicano Jorge La Rosa, no queremos saber nada de esos que convierten la lectura en un análogo de la charla, del parloteo insustancial, del juego social de las opiniones sabias o de las emociones sensibles, de esos que leen para vanagloriarse de su saber o para emocionarse de su emoción, queremos que nos dejen en paz cuando se trata de leer”.

No leamos y escribamos para ufanarnos de nuestro conocer; de nuestra pretendida erudición. Leamos y escribamos para afianzar nuestro ser histórico, nuestra originalidad, nuestra lucha, nuestras contradicciones y limitaciones; también, nuestros éxitos. Leamos y escribamos siendo eternos estudiantes de una realidad inacabada y en pleno curso. ¿Por qué leemos? Recordemos a La Rosa: “Leemos para sentirnos vivos leyendo;”. Y “escribimos por fidelidad a esas palabras que nos hicieron sentir vivos”.

Y ahora: ¿por qué escribo? Porque sin saberlo, fue surgiendo en mí una vocación que estaba latente y fue eclosionando y perfeccionándose lentamente, hasta convertirse en una bella pasión. Escribo porque es un camino para repensar mis saberes en búsqueda y así puedo recuperar y proyectar parte de la experiencia acumulada. Porque escribiendo podemos invitar a otros al ejercicio de la libertad, la práctica de la justicia social y la fraternidad; porque podemos contribuir creativamente a construir la paz. Escribo, porque como ser humano necesito socializar mis inacabados conocimientos y reflexiones. Escribo para aprender a ser preciso; para no divagar; para dejar constancia de la evolución de mi pensamiento; porque es bello compartir con los demás los aportes de nuestro ser. También, por amor a los educandos, de los cuales espero puedan superarme con el devenir del tiempo.

Escribir es un placer; Escribir nos facilita la comprensión interdisciplinaria de la complejidad política, cultural, económica, social y ambiental, tanto a nivel nacional como internacional. ¿Será cierto que escribiendo aprendemos a ser? Bien sostuvo Biliowicz en el periódico de la Universidad Nacional: “El arte conlleva a un destino. La escritura creativa demanda compromisos”.

Escribamos y quizás le demos la razón a Virginia Woolf, cuando sostuvo: “El verdadero placer es escribir; ser leído no es más que un placer superficial”. Escribo -porque en medio de la civilización del consumo que nos entorna y bombardea permanentemente, a través de los medios de comunicación- es un camino para ser: ser humano consciente de su responsabilidad histórica como persona, como ciudadano, comprometido con la institucionalización de la justicia social.

Escribo, porque es una alternativa para crear opinión pública democrática; porque es un espacio para recrearnos con la realidad y con nosotros mismos. Porque escribiendo, realizamos aspectos sustantivos de nuestras vocaciones y facilitamos la existencia de la dialogicidad; porque es un ejercicio que impulsa el conocimiento de lo humano... García Márquez tiene razón: “Escribo porque quiero ser amado”.

En gran síntesis: Con el libro que hoy presentamos he deseado abrir un camino y espero que su original estructura sea continuada y superada –en los próximos decenios- por nuevos periodistas de opinión latinoamericanos. Alfredo Sarmiento, con su conciencia crítica constructiva y con su genial capacidad pedagógica, sostuvo que la obra que presentamos “Es una vida convertida en testimonio periodístico al servicio de la comunidad”. Ojalá sea así.

Mil gracias a cada uno de los que apoyaron mi labor académica, investigativa, periodística,  y política,  y facilitaron la publicación del libro que hoy presentamos.

Apreciados asistentes: A cada uno de ustedes los invito a apoyar los ideales plasmados en el documento contenido en La Paz Querida. El maestro Echandía me enseñó que “el odio había sido el opio de los colombianos”. Nuestro gran país nos invita a contribuir a construir democracia en paz. Señores Rectores y Decanos: Es el momento para preparar cuidadosamente, el surgimiento de nuevos líderes políticos democráticos y periodistas de opinión consagrados a la cristalización de nuestra democracia. Reitero: estamos invitados a revisar los pensums y los planes de estudio de las Facultades de Ciencias Sociales y Naturales, para reemplazar a los  politiqueros y a los corruptos que tanto daño le hacen a Colombia.

Mil gracias a todos por su presencia y solidaridad.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Hernando Roa Suárez

El Gobierno y nuestro Estado

Sobre leer y escribir. Apuntaciones