Por: Columnista invitado EE

Academia transicional

El antropólogo Fabián Sanabria, uno de los 32 profesores que firmaron un documento que mostraba la inconformidad con el homenaje a Miguel Ángel Beltran como “docente activo” de la Universidad Nacional, plantea dos alternativas frente al posible futuro de este caso.

Hace unas semanas Ricardo Sánchez, el decano saliente de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional, escribió a los profesores que conformamos ese cuerpo colegiado que, con motivo de los 50 años de nuestra Institución, se le rendiría un homenaje a algunos profesores activos, entre los cuales figuraba el nombre de Miguel Ángel Beltrán, un colega del Departamento de Sociología, destituido y condenado por el delito de ‘rebelión’, tras una acusación cuyo último recurso, el de casación, será resuelto en los próximos días.

Ante la comunicación del decano, 32 profesores suscribimos una carta de inconformidad por esa "nominación", alegando que jamás conocimos el procedimiento ni la evaluación de pares para que se le otorgara un reconocimiento como "docente activo" al colega mencionado. Entonces el decano aclaró, por medio de un comunicado, que fue simplemente un "error secretarial" su primer escrito, y que al sociólogo Beltrán se le había homenajeado como "ilustre egresado".

Ante esa circunstancia, entendí que el gesto del decano saliente y sus afines era una suerte de "desagravio", ante el drama que indudablemente ha vivido el destituido profesor. No obstante, explícitamente aclaré con numerosos colegas que la suscripción de la carta de inconformidad por esa nominación, en modo alguno era contra la persona de Miguel Ángel Beltrán, sino contra la pretenciosa actitud de camuflar intereses políticos e ideológicos, disfrazándolos de argumentos académicos.

Los calificativos e insultos que hemos recibido los firmantes de esa carta no se han hecho esperar. Se nos ha tildado de "canallas, derechosos, macartistas, fascistas, vendidos, malditos, traidores, etc.”, simplemente por habernos atrevido a expresar públicamente una opinión. Felizmente otras voces y otros ámbitos también han resonado en la opinión pública, respaldando el legítimo derecho de cuestionar una actitud que, ocultando sus intereses, ha politizado y polarizado desde hace tiempos nuestra academia.

Ahora bien, el propósito de estas líneas es muy simple: si hay alguien que cree y apuesta por el actual proceso de paz del Gobierno del presidente Santos con la guerrilla de las Farc, es el suscrito, porque considera que esa oportunidad es el único camino que nos puede permitir una alternativa civilizada a la solución de nuestros conflictos tras la cruenta e inútil "vía armada", a fin de que tras un complejo proceso de reconciliación nacional todos los colombianos contribuyamos a la construcción de un "nuevo país" para las generaciones futuras.

Además, considero que la universidad, más acá de mediocremente conformarse con "reflejar las contradicciones de un país", justamente es la institución que debería iluminarlo. Es ella quien debe poner ante la sociedad sus "cartas sobre la mesa", y ningún académico tendría por qué camuflar sus intereses ideológicos sino todo lo contrario, tener el valor de explicitarlos y asumir las consecuencias de sus actos.

En ese horizonte, ética y personalmente planteo dos alternativas, respecto al caso del sociólogo Miguel Ángel Beltrán: si tras el último recurso de casación que muy pronto se resolverá resultare absuelto de sus cargos, sería el primer ciudadano en públicamente pedirle perdón por haber dudado de él, propendiendo en lo que a mí concierna por la rehabilitación de su nombre y honra.

Pero si Miguel Ángel Beltrán resultare culpable, también sería el primer colombiano en invitarlo a que sin más amagues se acoja a la "justicia transicional", de modo que desde la academia brille un ejemplo de verdad, justicia y reparación de cara a la sociedad.

*Fabián Sanabria, antropólogo y Doctor en Sociología, Exdecano de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional.

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