"El joropo es la altanería del llanero": Cholo Valderrama

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Por: Lorenzo Madrigal

Acomodándose

Lo de moda es el Sí a la paz. Y no es que todo el mundo esté acomodándose, aunque pareciera, sino que es fácil ver que lo primordial es la paz, especialmente por quienes arriesgan a sus hijos, viven de cerca la muerte y el secuestro, la pérdida de sus tierras o de su labor en el campo.

La paz es un bien absoluto y no hay argumento que se le oponga. Por esa razón, se la utiliza para los fines políticos de hoy y de un mañana en Estocolmo.

Los hay que, fastidiados con el gobierno de Santos, estiman que su opción por la paz es incuestionable. Especialmente personajes de la izquierda política, por una razón en el fondo maliciosa: la paz de Santos es un gran triunfo del socialismo imperante en la región, es la apoteosis de Fidel Castro, en cuya sede se desarrollan los diálogos, es el espaldarazo a Maduro, testigo de los acuerdos y es la refundación del país, que acabará de hacerse en una posterior y ya anunciada Asamblea Constituyente. El país no es ni será el mismo después de Santos; entiéndase cualquiera de los dos que cogobiernan.

No es, pues, raro que un Jorge Enrique Robledo, tan insular e independiente, se acoja a la fórmula de Santos y trate de explicar sus desacuerdos con el Gobierno; a una con Clara López, quien ya hace parte del mismo, gracias a aquellas habilidades de don Juan Manuel Santos para manejar la condición y las veleidades humanas.

No sorprendería que David Barguil, supuesto o real líder conservador, acabe por tomar su decisión esperada: se acogerá con los suyos (me refiero a su partido) a un Sí condescendiente. No importa, en este caso, que su jefe natural, el expresidente Pastrana, sea uno y casi el único de los altos políticos en manifestar desacuerdo con los convenios firmados al calor salobre y húmedo del mar de las Antillas.

El Sí prevalece, todo avanza, ya los centros de consultorías han aportado lo suyo, con o sin sesgo. Un Sí disfrazado de paz, que en realidad significa la aprobación en bloque de los acuerdos de Santos. El No es difícil, es elaborado, demanda explicaciones y sobre todo, está estigmatizado: del No, aun en contra de la Sentencia de la Corte, se seguirá diciendo que es la guerra y que quienes lo voten la desean, cuando lo que realmente expresan es que están en contra de las armas que acobardaron al Estado y de las prácticas inhumanas que lo tienen en rendición. Como quien dice, el mundo al revés, el llamado “mundo de Alan Jara”, para aludir a su curioso libro de contradicciones.

Ya la Iglesia misma se ha desbordado desde Cali, con manifestaciones a favor del elocuente Sí, aunque contradicho por la Conferencia de Obispos, la que muy tímidamente, por medio del bondadoso secretario, ha pedido no precipitarse (“Ha habido unas palabritas un poquito equivocadas”, ha dicho). Terminará cooptada por el Gobierno, gran manipulador de intereses.

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