Por: Luis Carvajal Basto

Actualizar la política

Mientras observamos los efectos de la revolución digital en economía, grandes transformaciones ocurren en la política.

El mundo apenas  empieza a conocer los efectos del cambio digital, fundamentalmente en economía y negocios. Empezamos a conocer el espacio que las industrias digitalizadas ocupan; sus niveles de rentabilidad  y  perspectivas de desarrollo. Redes, internet de las cosas, desarrollo de software y  uso de datos compartidos, así como su análisis (Big data), buscando eficiencia, capacidad de predicción y utilidades, están cambiando los esquemas de producción distribución y consumo. El uso aplicado de algoritmos, usando la “gran” información, está transformando los modelos de mercadeo, planeación y programación.

Se  transforma, simultáneamente, la manera de hacer política y las instituciones de gobierno, aunque no tengamos, aún, suficientes teorías ni análisis. No ha dado tiempo. Por lo general nos limitamos a usar, empíricamente, constatar y tratar de medir la influencia de las redes en campañas políticas; a optimizar tiempos y procesos en  servicios que prestan los gobiernos (gobierno digital), y poco más. Los países a la vanguardia en el desarrollo de TIC, como China, Canadá, Reino Unido, Corea, apenas comienzan a pensar la manera de “prestar” las nuevas herramientas a la democracia, mediante el establecimiento del sufragio digital, por ejemplo.

Sin embargo los impactos y  tareas que de ellos se derivan son mucho más profundos.

Hemos constatado  el poder de  internet en los cambios políticos en países como Egipto, en la convocatoria a los indignados en Europa y Estados Unidos, y más recientemente en el Brexit, por ejemplo. La cuestión central es la capacidad de las redes para asociar y expresar intereses  rápidamente, mucho más que los tiempos establecidos formalmente por los sistemas políticos para realizar elecciones, produciendo alteraciones en las conductas de los ciudadanos y las instituciones, lo que es posible por su asociación, también en tiempo real, con, y como, medios de comunicación. Sin ninguna otra intermediación se organizan  peticiones al Estado, con capacidad de producir gran notoriedad  e influir, aceleradamente, en conductas, decisiones y políticas públicas.

En otro ámbito, internet es sinónimo de transparencia: esta sociedad de la información también ha afectado las costumbres políticas de gobernantes corruptos al quedar mucho más expuestos al escrutinio público: nunca la corrupción fue tan conocida o “popular” como ahora, contribuyendo al desprestigio de la política. Casos como el de los “papeles de Panamá” ilustran un poco el asunto. Internet permite conocer todo de todos. Como nunca antes el ciudadano dispone de información relevante anteriormente restringida a los estrados judiciales, si acaso. ¿La democracia vive su peor momento o debe actualizarse para mejorar?

Redes y modelos de predicción se entrelazan sin que, desafortunadamente, profundidad y sentido de razón sean su mayor virtud. Resulta ahora mucho más sencillo estimular emociones y sentimientos para generar cambios de conducta o modelar  preferencias. Se abre un debate, por ahora, prácticamente inútil y un buen ejemplo es, otra vez, el  Brexit: todos los estudios y análisis demostraban que no era negocio para el Reino Unido salir de la Unión Europea y a pesar de ello ocurrió. Teóricos y científicos se quedaron con la razón  mientras quienes “potenciaron” sentimientos y emociones, mayormente negativos, con la victoria. Sentimientos negativos como miedo ira o venganza  a través Twitter o Facebook, con casi dos billones de usuarios, una población mayor que las de  China o India, fueron más convincentes que modelos y análisis científicos.

En Colombia, dónde la digitalización de la política da sus primeros pasos en temas de cobertura, gobierno  y alfabetización, cualquier reforma política debe comenzar con la actualización digital. Reglamentación de formas de participación; de las relaciones entre número de peticiones y modificación de normas; consultas populares digitales; encuestas; digitalización de partidos y movimientos y mecanismos de democracia interna etc. Internet es una herramienta ciudadana y democrática; un escenario donde la Libertad debe ser protegida y sus expresiones elevadas a un nivel Legal.

En Colombia, el número  de conexiones a internet, casi 14 millones, corresponde al número de hogares de los cuales un 45%, “apenas”, cuenta con internet fijo dedicado. El acceso universal, es el principio de todo. El primer y más importante reto, pero, mientras tanto, resulta urgente actualizar: hacemos política en el siglo 21 con las herramientas del siglo 19.

 


@herejesyluis

 

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