Por: Gonzalo Hernández

Acuerdo Final

Esta vez tenemos la posibilidad de votar por ideas que podrían tener un mayor alcance que la ideología de algún gobierno de turno.

El presidente Santos presentó ante el Congreso el “Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera” y  anunció que el plebiscito será convocado el 2 de Octubre. Así, el acto democrático que le daría legitimidad ciudadana a los acuerdos de paz arranca formalmente.

Infortunadamente, el mecanismo de participación ciudadana se desarrolla aún en un contexto que ha sido aprovechado por diferentes fuerzas políticas para orientar el respaldo al SI o al NO a través de recursos mediáticos que apuntan a manipular en lugar de suscitar reflexión.

Aunque tales tácticas no deberían sorprendernos, por ser usuales en los procesos electorales regulares, esta vez no tenemos que votar por la combinación de pseudo planes de gobierno que compilan retazos “técnicos” y estrategias diseñadas por asesores de imagen. Esta vez, una buena y anhelada pedagogía electoral cuenta con un aliado especial: un documento, el acuerdo final. Este refleja la coincidencia y la negociación de las ideas de varios grupos sociales, políticos y económicos, nacionales e internacionales acerca de los principios que deberían orientar la construcción de un nuevo país. El documento es tan importante en términos del ordenamiento del Estado que los juristas discuten hoy si estos acuerdos harán parte del bloque de constitucionalidad.

El siguiente es un ejemplo de un tema económico de la sección “Hacia un Nuevo Campo Colombiano: Reforma Rural Integral” que puede ser considerado como parte de la “visión” del Estado: “La superación de la pobreza no se logra simplemente mejorando el ingreso de las familias, sino asegurando que niños, niñas, mujeres y hombres tengan acceso adecuado a servicios y bienes públicos. Esa es la base de una vida digna. Por eso la superación de la pobreza en el campo depende, ante todo, de la acción conjunta de los planes nacionales para la Reforma Rural Integral, que en una fase de transición de 10 años, logre la erradicación de la pobreza extrema y la reducción en todas sus dimensiones de la pobreza rural en un 50%, así como la disminución de la desigualdad y la creación de una tendencia hacia la convergencia en mejores niveles de vida en la ciudad y en el campo. Las medidas para la superación de la pobreza deberán tener enfoque de género que permita hacer frente a las necesidades particulares de las mujeres en el campo”  

Este ejemplo sugiere además un par de pautas que deben orientar la lectura y explicación de los acuerdos. En primer lugar, los acuerdos ofrecen una visión de país.

No deben ser, en general, abordados desde una perspectiva reglamentaria o de detalles procedimentales. Segundo, esta visión no es del todo novedosa. Puede aparecer ya en muchos documentos oficiales. Pero resalta y prioriza aspectos deseables para nuestra sociedad. Nos deja un objetivo común de largo plazo que va más allá de los planes de un gobierno de turno. Los más pobres y los campesinos son sin duda la prioridad. 

Que los costos de la guerra exceden los costos de un acuerdo de terminación del conflicto es un argumento fuerte para estar a favor del acuerdo. Pero es mucho mejor que los acuerdos hagan énfasis en: el desarrollo rural a través de la economía campesina y solidaria, la participación comunitaria, y la atención a los más pobres y a los más afectados por el conflicto. De aquí en adelante las políticas de Estado serían evaluadas en relación con esos énfasis. Esta es también una buena razón para apoyar el SI.

El autor es el director del Departamento de Economía de la Universidad Javeriana.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Gonzalo Hernández