Por: Luis I. Sandoval M.

Ahora Berlín

Antes Nueva York, Madrid, Estambul, París, Niza, Bruselas, después no sabemos, pero lo más probable es que no sea el de Berlín (19 diciembre) el último atentado de este tipo y de este origen.

La autoría que hasta el abatimiento de Osama bin Laden (mayo de 2011) se atribuía a Al Qaeda ahora se atribuye al Estado Islámico, el cual facilita las cosas porque él mismo la declara sea que haya efectivamente montado los operativos o que se los apropie una vez realizados por islamistas radicalizados.
                                                                                    
Berlín es una ciudad con mayoría religiosa islámica y hay en ella alrededor de 63 mezquitas reconocidas. La población turca inmigrante jugó un papel fundamental en la reconstrucción de Alemania en la segunda posguerra y actualmente la potente economía tedesca requiere 1.6 millones de trabajadores que solo pueden provenir del flujo migratorio originado en el cercano oriente. Inocultables realidades que explican la actitud más tolerante, hasta ahora, de la Canciller Ángela Merkel frente a la migración.  

Ante el hecho del atentado en el Weihnachtsmarkt (12 muertos, 50 heridos), me dirigí a amigos en Berlín para preguntarles qué pensaban de lo ocurrido. Un colombiano residente en la ciudad desde 1978 analizó:

“El equilibrio entre la apertura de una sociedad democrática, vulnerable por ser abierta, y su defensa, es el desafío que se plantea a cualquier sistema no autoritario ni retórico. ¿Cuál es la mejor defensa de la libertad, cómo no perder los valores de una democracia occidental, no dejándose arrinconar por los fanatismos ideológicos ni paralizar por dogmatismos religiosos? son preguntas que hacen ver dos camiones, uno en Niza y otro  en Berlín. Atacar un símbolo cristiano, junto a la catedral conmemorativa, y la vida en un mercado de navidad es atacar y desafiar la cultura tradicional alemana. No les importa cuántos mueren sino la repercusión del hecho: en Alepo en retirada, pero en Europa presentes, dañan la solidaridad con los inmigrantes, y aúpan a los partidos de derecha para que aumenten su populismo y ganen elecciones. Y ya vienen tres muy importantes… Quieren paralizar la democracia, Alemania está en la mira de los terroristas. Y la  angustia, pero también el coraje, que es contagioso, en la tranquilidad de ánimo y en la serena consideración de los hechos, para asumir las medidas correspondientes: personales e institucionales”.  Otra respuesta fue la de una académica alemana. Concluye ella: “Sí es un problema porque alimenta la creciente derecha en velocidad inimaginable”.

Estos comentarios rápidos de personas cercanas coinciden con los de  reconocidos analistas en periódicos y revistas: las derechas están haciendo su agosto con la ilusión de que la mano dura que prometen, distorsionando instituciones y ambientes democráticos, va a traer la solución, cosa que no ocurrió cuando ante el ataque a las torres gemelas el 11S de 2001 dio lugar a la guerra global contra el terrorismo impuesta por el Gobierno norteamericano de George W. Bush.
                                                                                             
Tendrán elecciones próximamente Holanda, Francia y Alemania, y quizá Italia y Grecia. Ya se aprecia en estos países el alza de las derechas. Aumenta la sospecha sobre los inmigrantes de países islámicos, se refuerza el control de fronteras y redes informáticas, se afectan la intimidad y la libre circulación de muchos inocentes.

En Colombia también existe una derecha que quiere aupar el odio y que aprovecha acontecimientos internacionales luctuosos para sentirse autorizada a desconocer acuerdos de paz y la misma institucionalidad democrática. ¿Qué ocurrirá en marzo y mayo de 2018 cuando elegiremos nuevo Congreso y nuevo Presidente de la República?  Tremendo desafío a la paz y a la democracia, aquí y en el mundo.

@luisisandoval 

 

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