Por: Julio Carrizosa Umaña

Ambiente, marxismo y neoliberalismo

El año 2015 fue el peor en la historia de la humanidad, a pesar de que el neoliberalismo y el marxismo controlan con sus dogmas el pensamiento y las acciones de la mayoría de los humanos.

La Agencia Nacional de los Océanos y la Atmósfera de los Estados Unidos de América, la institución de mayor credibilidad en el tema por sus recursos investigativos, informó que el año pasado fue el más caluroso en toda la historia, que nunca el nivel del mar estuvo tan alto y que las emisiones de gases de efecto invernadero fueron mayores que en cualquier otro período medido.

Sin embargo, los políticos que controlan a los países que siguen una de estas dos ideologías no han parado durante los últimos cincuenta años de proclamar sus deseos de mejorar la situación, sin que se vean los resultados. Al contrario, en todos esos países, inclusive aquellos que se proclamaron socialistas en América Latina, las instituciones ambientales se debilitaron y los procesos de deterioro del ambiente se agravaron.

Es posible que esto haya sucedido debido a las contradicciones escondidas entre las políticas ambientalistas y los dogmas fundamentales de ambas ideologías, que nos consideran a los humanos únicamente como maximizadores de poder y de dinero y desdeñan la importancia que otros valores tienen en el pensamiento y la acción de las personas y las colectividades.

Ambas ideologías coinciden en que la búsqueda del dinero y el poder explican la historia de la humanidad y en que otros objetivos, como la búsqueda de lo sagrado, de la belleza, del amor, del conocimiento, de la amistad, son desdeñables, simples objetivos secundarios que se consiguen cuando las personas y las comunidades logran una adecuada distribución en los mercados, en la producción y en las armas. En esas imaginaciones elaboradas por élites intelectuales que vivieron en Europa hace cientos de años, el planeta, sus características, sus posibilidades y sus límites no tienen importancia.

En Colombia estamos ya viendo la gravedad del deterioro ecosistémico ocasionado por el enfrentamiento armado de esos imaginarios simplificadores, pero aquí ese impacto es más grave porque el odio generado por el olvido de la complejidad humana, por su división artificial entre buenos y malos, está deteriorando, tal vez sin remedio, el ambiente social.

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