Por: Hernán González Rodríguez

“Americanismo sí, globalización no”

Tanto en los Estados Unidos, como en Europa, los políticos están divididos hoy entre los partidarios de la apertura de los mercados y los partidarios de los mercados cerrados, esto es, entre el nacionalismo y la globalización.

Están divididos, así mismo, entre los partidarios de recibir a los inmigrantes y rechazarlos, deportándolos a sus países de origen.

El candidato del Partido Republicano para la Presidencia en las elecciones del próximo mes de noviembre, Donald Trump, acuñó la frase: “Nuestro credo será el americanismo sí, la globalización no. Y el excandidato demócrata para dichas elecciones, el señor Bernie Sanders, le aplaudió, desde la otra orilla, esta nefasta orientación.

La decisión de Gran Bretaña de abandonar la Unión Europea, coalición comercial exitosa de los países europeos, la elección de gobiernos nacionalistas en Hungría y Polonia, y la posibilidad de que el año entrante asuma el poder en Francia otro nacionalista, el partido de Marine Lepen, significaría el colapso de la Unión Europea.

Gran Bretaña marcha ya como consecuencia de su llamado Brexit, según prevé el semanario The Economist, hacia una recesión económica.

En los acuerdos de paz del presidente Santos con las Farc, también están ellos acordando revisar todos los tratados de libre comercio celebrados por Colombia en las últimas décadas. La propuesta de las Farc estriba en cancelarlos, en encerrarnos como los retrógrados mencionados.

Traduzco a continuación la posición de la revista citada sobre la globalización y la inmigración, porque la considero muy acertada: “Debemos reconocer, empero, que la globalización requiere trabajo. El libre comercio crea muchos perdedores, y la inmigración bien puede desquiciar las comunidades. El mejor medio para resolver estos problemas no radica en levantar barreras. Radica en diseñar políticas agresivas para preservar los beneficios de las aperturas, al tiempo que alivian sus efectos colaterales adversos”.

“Autoricemos —propone The Economist— que los bienes y las inversiones fluyan libremente, mientras reforzamos la red de la seguridad social para ofrecer seguridad social y nuevas oportunidades para aquellos cuyos empleos resulten destruidos. Y con el fin de administrar mejor los flujos migratorios, invirtamos en infraestructura y aseguremos que los inmigrantes puedan trabajar. Pero lo más importante, legislemos para limitar los brotes migratorios elevados y, así mismo, legislemos para limitar los brotes de importaciones exagerados. No igualemos la globalización con el abandono total de esta”. De acuerdo, una cosa es recibir algo así como un 5% de la población de un país como inmigrantes y otra es saltar a albergar porcentajes mayores al 20%.

Considero que la globalización sí debería continuar; pero con una mayor dosis de reciprocidad entre las naciones participantes, con limitaciones legales para los brotes exagerados de importaciones apoyadas en competencias desleales como: la devaluación artificial de las monedas; el lavado de los dólares del narcotráfico parar el contrabando, el contrabando técnico y la subfacturación…. Reciprocidad: si Colombia importa bienes por un dólar desde China, debería China importar bienes desde Colombia por cerca de otro dólar.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Hernán González Rodríguez

Manipulación de la moneda china

Hambre pavorosa en Venezuela

“Seis comandantes se destapan… y hablan”

“El empresario: el lobo que hay que abatir”

Los escandinavos no son excepcionales