¿Aplausos por la inflación?

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Algunas dudas sobre lo que nos dicen.

La mayoría de los medios de comunicación reportaron el último dato de inflación anual (7.93 por ciento) con optimismo. El Banco de la República nos anunció, además, que la inflación cerraría en 6 por ciento al finalizar el año. No faltaron las declaraciones en las que se enmarcó el dato de inflación como otro elemento del apropiado manejo de la política macroeconómica del país, y se resaltó la importancia del buen ánimo para el futuro de Colombia como justificación del optimismo.

Solo un número servía de guía a la manada que repetía lo dicho por fuentes oficiales: 0.05. Esta fue la diferencia de la inflación anual en abril frente a la reportada en marzo. Pasar de 7.98 a 7.93 les pareció suficiente para justificar: “la inflación empezó a ceder”, “se modera”, y “comenzará a bajar”.

Junto con el incremento de la tasa de interés de intervención del Banco de la República, ahora en 7 por ciento, algunas opciones habrían sido más estimulantes: “inflación de alimentos no cede: llega a 12.6 por ciento”, “otra vez el Banco de la República tratando de manejar las expectativas”, o mejor aún: “política monetaria: ¿un asunto de disonancia cognitiva?”.

La primera opción habría motivado debates importantes sobre quiénes son los más afectados con esta inflación de alimentos: las personas de ingresos más bajos, o sobre la incapacidad de la política monetaria de corregir directamente esa inflación, cuya principal causa parece ser el fenómeno de El Niño.

La segunda nos habría puesto a pensar que pase lo que pase el Banco de la República tiene siempre razones para decirnos: “todo bien, todo bien”. Lo que pensemos acerca de la inflación es tan importante como el ajuste de otros instrumentos monetarios. Mayor inflación esperada puede terminar en mayor inflación.

El último título habría sido menos claro pero no menos interesante. La disonancia cognitiva define el estrés que sentimos por la dificultad de ser consistentes; por ejemplo, entre nuestras afirmaciones y nuestras acciones. Por supuesto a algunos les importa menos que a otros, y algunos son expertos (como los políticos) en evadir los cuestionamientos sobre sus inconsistencias.

Si es inminente la reducción de la inflación por cuenta del fin del fenómeno de El Niño y otros choques transitorios ¿por qué entonces el Banco de la República eleva el 29 de abril pasado en 50 puntos básicos más su tasa de intervención?

O el Banco no está en realidad convencido de la transitoriedad de los choques, o cree que no puede convencernos de ella, o a pesar de sus anuncios sí están usando la tasa de interés con fines de intervención cambiaria hacia una revaluación que abarate los productos importados, o simplemente no le importa mucho desacelerar sectores que no son la fuente principal de esta inflación.

Van seguramente a lograr una menor inflación, pero no será solo por las razones que nos presentan. El costo podría ser el enfriamiento del sector industrial y mayor desempleo.

La tarea del Banco de la República es bastante difícil, pero cuando es cierto que “del dicho al hecho hay mucho trecho” puede haber disonancia cognitiva. Y debemos hacer que las inconsistencias sean incómodas para los hacedores de política. Así obtenemos respuestas claras. No ayuda que los analistas usen cualquier número para unirse al comité de aplausos; solo porque el optimismo es bueno para el país.

El autor es el Director del Departamento de Economía de la Universidad Javeriana

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