Por: Cristo García Tapia

Aquel agosto de Lorca

Su vivida muerte, fue la vida agonizante que anticipaba delirante, musical, libertario, en cada verso suyo; cada golpe de injusticia, de intolerancia, que en su poesía resonaba, era un cuchillo de muerte que se clavaba en su alma; el tiro de gracia aguardándole al borde de un barranco.

Aquel agosto tuyo sin guitarra, sin arena, sin entierro, Federico García, fue siempre en ti este agosto de la muerte del hijo, de la muerte del padre; otra vez de la muerte del hijo, del hermano, “brazada de flores secas”, pudriéndose en el fondo del barranco de un camino de puñales, de fusiles.

De guardias civiles borrachos que eran muerte golpeando en las puertas; guardias civiles borrachos que incesante te mataban y te amarraban a las patas del caballo de la muerte y te desbarrancaban.

Y eras tú, siempre tú, Federico, el muerto y muchos y todos los muertos de aquella ronda de muerte, el que moría en la “hermosura de la noche”.

Tú, gitano de la gitanía, espiga de los campos que cortan como la cabeza del poeta; alucinado de una alegría inmarcesible montando caballitos de siete colores; corceles enjaezados  de  palomas y musgos de noche que picaban y hacían huir despavorida a  la muerte que rondaba tus lunas.

Tú, Federico, que conjurabas la muerte con el misterio brujo de vivir, se te olvidó conjurar los hados de aquel agosto, esos pájaros de ceniza que anidaban sigilosos los aleros de tu casa y se fueron metiendo por la hendidura de la noche para empollar en tu pecho el huevo de aquella muerte equivocada.

Y no era el tiempo, pero se ensañó contigo la noche sorda del poder, la unción sacrílega del cáliz y la fe; contra ti, intrépido adorador de la vida, todos los idolatras de la sangre envenenada que condena y mata por la señal de la fe.

Los que celebraron tus bodas, novio de la vida, brindando por la oscura muerte con tu sangre de cordero inmaculado, con tus ojos de agua iluminada.

Con tu canto de ruiseñor sobre la flor de oro, sobre la rama de oro de la flor de luz.

Ahora que estás por un instante muerto y ríes como el mozo que va y viene a la fuente, al jazminero, estas por siempre vivo , Federico García.

Alzas los ojos, divisas el huerto, vas a Madrid a ver los toros, te vistes de marinero, cantas, te asomas al jardín, cortas la rosa y el clavel, eres poeta en Nueva York , lloras como un payaso, pintas con trazo de lápiz una degollación, un arlequín veneciano, la extraviada y triste muerte pintas.

Sufres de encorvada nostalgia, respiras tibio, salino, el mar de La Habana, te sientas al atardecer en el malecón, ves desplomarse y arder las nuevas torres de babel, ves caer la careta de la hipocresía.

Ves al rey de Harlem arrancarles con una cuchara los ojos a los cocodrilos y golpear el trasero de los monos.

Y vuelves para siempre, Federico, en este agosto de Lorca, para que te veamos y toquemos y hablemos contigo, repleto de vida, de poesía.

Poeta
@CristoGarciaTap

 

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