Por: Beatriz Vanegas Athías

Así son y así los votamos

Cuando aparezca esta columna habrán pasado cuatro días desde que las redes sociales y medios televisivos, impresos y digitales difundieron el video en el que el Vicepresidente de la República Germán Vargas Lleras, en gira electoral por Ciénaga de Oro, Córdoba, propina un cocotazo a su escolta, el intendente Daniel Ahumada.

Llovía en Ciénaga y Vargas Lleras se protegía de la lluvia con un inmenso paraguas. Algunas personas se acercaron a saludarlo con la calidez que caracteriza a los seguidores espontáneos y esperanzados. El escolta separa a la mujer que intenta el abrazo y por lo resbaladizo del terreno, pisa al Vicepresidente quien lo empuja y le da un cocotazo, es decir, un golpe en la cabeza con los nudillos de la mano empuñada, al mejor estilo de los que don Ramón propinaba a El chavo, en la popular serie de televisión latinoamericana. Algo cae al lodazal y el vicepresidente lo recoge, lo seca y acto seguido hace un comentario a otro de sus acompañantes en lo que parece ser esas frases que siguen al momento en que el agresor intenta justificar su agravio.

Dos días después, ante la viral  indignación de los ciudadanos en las redes sociales, vinieron las disculpas del vicepresidente Germán Vargas Lleras al intendente Daniel Ahumada. El hecho tiene un escenario preestablecido: se trata de una tarima, con una pantalla que proyecta a un intérprete para discapacitados auditivos, ante un público escogido y con el alcalde Peñalosa que se deja ver a lo lejos como un testigo de lo que pretende ser una reivindicación del agredido.

Sin embargo, el mal sabor del montaje se deja ver. Allí está la hipocresía y el clasismo encarnado en una  puesta en escena en la que resplandece la demagogia y vuelve a aparecer el accionar prepotente de Vargas Lleras quien exalta el trabajo ejemplar de su escolta, pero acto seguido repite la sentencia que ha publicado en su cuenta de twitter “Buscar un justo equilibrio entre el respeto por la ciudadanía y la seguridad, no es incompatible”. El mensaje es para Daniel Ahumada, y sobre este llamado  debemos concluir que merecía un cocotazo –como se dice en el Caribe al llamado coscorrón interiorano-.

Él, Germán Vargas, lo golpeó para defender a su electora. No me crea caída del zarzo. Por ello Daniel Ahumada salió a deber y nótese en el video, la habilidad para tergiversar la cuestión, pues con tono sapiencial y altruista pide respeto de su escolta hacia los electores. Y va más allá: exhorta a todos los esquemas de seguridad a que profesen respeto por los seguidores de políticos como él.

Así son y así los votamos. Configurados con la mentalidad colonial del siglo XIX. El amo y el vasallo. La clase es un don divino heredado que sólo emplean para que el resto del mundo les sirva. La clase, es decir, el buen gusto que comporta buen trato, respeto, gratitud por quien es mi par, por quien me ayuda a sobrellevar la vida y a alcanzar mis sueños, es un asunto que desconocen personajes como Vargas Lleras. Y expelen agresividad y se asumen como patrones iracundos o como él llamó despectivamente en alguna ocasión a un elector que osó contravenir sus propuestas: se asumen como gamines.

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