Por: Antieditorial

Bogotá, ¿Smart City?

Pasados casi seis meses desde la posesión del alcalde Peñalosa, el foco ilumina hacia su propuesta de Plan de Desarrollo (PDD), con varias contradicciones, relacionadas con cargos y exenciones desiguales, como expone el editorial de 03/06/2016.

Por Germán Eduardo Vargas

En retrospectiva, es justo reconocer que recibió una administración desorganizada, sin disponibilidad financiera. Como sea, su estilo técnico, materializado a través de iniciativas de movilidad, con sentido prospectivo, continúa identificando su impronta.

Por eso genera disonancia su obsesión con el retrovisor, pues algunas reacciones lo han inducido a errores, propios de sus predecesores, como el debilitamiento de las relaciones del Distrito o la discontinuidad de proyectos que, aunque tuviesen origen en su oposición, resultan interesantes o exitosos. Sucedió con el sistema férreo, metro y Bogotá-Región, donde la soberbia le jugó una mala pasada.

Por otra parte, lo dejó el tren de la intervención de contratos heredados Transmilenio/SITP, cuya inaceptable configuración y calidad dejó de ser “provisional”; y, presionado por la urgencia de generar recursos para financiar su ambicioso PDD, acierta reactivando los cobros por congestión (inconclusos desde la anterior administración), pero se equivoca al incrementar el recaudo ajustando tarifas de alumbrado público, y no ahorros apalancados por nuevas tecnologías.

De hecho, la pasada administración apenas modernizó con LED cerca de 12.000 (3 %) de las 337.000 luminarias de la ciudad, registrando ahorros del 27 % en el consumo de energía, de acuerdo con el PDD “Bogotá, Mejor Para Todos”; luz o sombra, preocupa que durante el cuatrienio 2016-2020 sólo se avance con 30.000 adicionales (12 %).

Vale destacar que esa tecnología integra beneficios en costos, luminosidad (menor dispersión) y duración; en suma, rentabilidad, calidad de vida y sostenibilidad: atributos relevantes considerando los compromisos del Acuerdo sobre Cambio Climático (COP-21), el reciente riesgo de racionamiento, y que, según cifras de la UAESP, caducó la vida útil del 77 % de las luminarias del alumbrado público.

Entre tanto, el Concejo debate una interesante iniciativa del Polo Democrático para utilizar energía solar en la red de alumbrado público; aunque esto implica otro avance significativo, ignora otras posibilidades, en términos de gestión, aprovechando los avances de las tecnologías de información y comunicación.

Integrar soluciones de energías renovables, eficiencia energética (LED) y una red inteligente de alumbrado público (Grid-Interactive PV-Powered Lighting), haría de Bogotá un modelo global de Smart City, porque reduce costos de mantenimiento y operación (sensible a umbrales de luz natural), demanda mínimos voltajes para su funcionamiento, almacena energía solar para potenciar su autonomía y optimiza luminosidad (ante la aproximación de peatones o vehículos).

Alcalde, considere este género de inversiones inteligentes, que ofrecen ahorros cuya destinación promovería desarrollo urbano, rentable y sostenible. Los recursos de la venta de Isagén podrían haberse reinvertido así; además, la Empresa de Energía (EEB) y Codensa podrían constituir una asociación público-privada.

A propósito, todo esto requiere el fortalecimiento de la ETB, que debería emular el modelo de salvamento de la EEB, cediendo los eslabones operativos de la cadena de valor a un socio privado, mientras preserva los intereses estratégicos de Bogotá.

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