Por: Gonzalo Silva Rivas

Botadera de corriente

La intervención de Electricaribe era un paso obligado para encontrarle soluciones al deficiente suministro de energía eléctrica que afecta a una de nuestras regiones más privilegiadas en atractivos y recursos naturales.

Los permanentes cortes del fluido mantienen en ascuas a la industria turística local, que ha visto golpeada seriamente la competitividad de los sectores hotelero y gastronómico, cuyas pérdidas con el paso del tiempo han acumulado varios dígitos. 

La cotidiana calamidad que padece el Caribe colombiano, donde el turismo es la principal estrategia del desarrollo regional, no garantiza las condiciones para estimular el acceso de visitantes. Los empresarios desafían dificultades para prestar un servicio apropiado, con las consecuencias predecibles de espantar a los consumidores. Y las alarmas surgidas, ante un inminente apagón diario de varias horas, tenían los pelos de punta y alimentaban el surgimiento de una amarga pesadilla.

Las intermitencias en la energía se han suplido con plantas eléctricas, que además de contaminar el ambiente le cargan sobrecostos a la actividad. Sin embargo, aunque su número se multiplica, son muchos los pequeños y medianos empresarios que no pueden adquirirlas por sus altos precios. Y como lo advierte la presidenta ejecutiva de Corpoturismo, Zully Salazar, corren el riesgo de perder clientes, reducir nóminas y verse abocados a la incertidumbre de cerrar negocios. El problema se agrava con las fluctuaciones en el voltaje, que afectan costosos equipos, víveres e insumos que requieren refrigeración.

La crisis de Electricaribe, un controvertido operador que maneja el 25 por ciento de todos los usuarios de energía en el país, con cerca de dos millones y medio de suscriptores, traspasó hace años las fronteras de la ineficiencia. Sin contemplaciones revivió en siete departamentos el drama que en 1998 se quiso superar con la privatización del servicio, y que por décadas martirizó a sus habitantes, por causa de la politiquería, la corrupción y la carencia de controles, que arrasaron con la estatal Corporación Eléctrica de la Costa Atlántica (Corelca).

Los objetivos propuestos con la inversión de capital privado en el sector poco se cumplieron. La supuesta conformación de una empresa financieramente sólida y viable, que garantizará la expansión del servicio, mejorara su calidad y ofreciera una especialización de actividades, fue un cuento de hadas. Los frecuentes apagones encendieron la inconformidad de residentes y turistas, caldearon las protestas y hoy castigan el emporio turístico del Caribe colombiano.

La filial del grupo español Gas Natural-Fenosa registra los peores índices de calidad eléctrica a nivel nacional por la cantidad y duración de las interrupciones y la ausencia de inversión en redes, infraestructura y mantenimiento. A ello se suma la falta de interacción con los usuarios y la sistemática violación del debido proceso a millares de trámites interpuestos. Su reputación pronto quedó envuelta en sombras. Enfrenta pérdidas superiores a los $3 billones y medio, y lidera la cuantía de multas en el sector. En el primer trimestre estas llegaron a $5 mil millones.

El Estado no es ajeno a las responsabilidades en esta crisis, pese a subsidiar el 70 por ciento de mercados de difícil gestión y de barrios subnormales y de impulsar el Plan 5 Caribe que aporta cuantiosos recursos en proyectos estratégicos. Los entes territoriales y las entidades oficiales le adeudan cuantiosas sumas a Electricaribe; las autoridades departamentales y municipales fueron incapaces de normalizar barrios subnormales a fin de mejorar la prestación del suministro, y la Superintendencia resultó débil en el ejercicio de sus funciones de inspección y vigilancia para proteger a los usuarios de los constantes abusos y atropellos de la compañía, que siempre argumentó en su defensa la cultura del no pago, como causa de su descomunal rezago en inversión.

Entrada la temporada vacacional de fin de año, los empresarios nacionales y extranjeros que le apostaron a la apertura de negocios turísticos esperan que la intervención iniciada ayer ahuyente la amenaza de una parálisis que envuelva al sector entre tinieblas. El Gobierno tendrá ahora que resolver muchos interrogantes para definir el futuro del operador, sanear las millonarias obligaciones pendientes y garantizar un servicio confiable en la región, tras tanta botadera de corriente con una electrificadora manejada con las luces apagadas, y renuente a su capitalización. 

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@Gsilvar5

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