Por: Antonio Casale

Brasil

Mi generación creció haciéndole fuerza a Brasil en los mundiales. Era una época en la que Colombia estaba muy lejos de la élite y aunque en el campeonato local párticipaban grandes exponentes del fútbol argentino, la magia de los brasileños a la hora de jugar al fútbol, su alegría para tratar la pelota con amor y su folclor, tan parecido al nuestro, de alguna manera identificaban al público colombiano con su manera de jugar.

Nací en el 74, de modo que no me tocó disfrutar de Pelé y su combo. Pero Jugué en el colegio a ser a Zico, Sócrates, Éder, Serginho, Renato, Leandro y compañía en los ochenta. Ellos nunca ganaron un mundial, pero eran unos maestros para brindar espectáculo. En cambio no tengo un gran recuerdo del equipo campeón del 94. Eran prácticos, pero lejanos de la magia de sus antecesores.

Los de 2002 supieron mezclar pragmatismo con espectáculo. No podía ser distinto con Ronaldinho, Ronaldo, Rivaldo, Roberto Carlos y Cafú en la cancha. Total, el fútbol siempre será de los jugadores. Por eso es pecaminoso ver equipos conformados por grandes jugadores dedicados a defenderse. Eso se le ve bien a Italia, pero no a muchos más.

Después de ese mundial vino un descenso sin frenos para el fútbol brasileño. La táctica quiso acabar con la magia y la canarinha pasó a ser un equipo del montón. El punto más bajo fue el mundial organizado en su país, en el que siempre jugaron con miedo a perder. Algo en lo que Brasil jamás podrá sobresalir. El miedo y la alegría no van de la mano y ellos son alegres por naturaleza.

Pero la medalla de oro conquistada en Río parece haber sido el punto de inflexión hacia un nuevo norte que va en la dirección que indica la historia.

Después llegó Tite, el nuevo entrenador de la absoluta, y soltó a sus jugadores. Rescató a Marcelo, ninguneado por Dunga, el anterior entrenador, y a Gabriel Jesús, el delantero del Palmeiras que pertenece al Manchester City. Es un goleador moderno, que sabe jugar con el balón y asociarse con sus volantes. Neymar ya no está solo, porque Coutinho, el del Liverpool, parece estar encontrando el nivel que había perdido a su llegada a Europa. Ellos, junto a Firmino, comienzan a construir un Brasil más parecido al que nos enamoró de la pelota algún día.

El jueves anterior se graduaron en el partido que todos esperaban, el clásico continental ante Argentina. Allí Brasil hizo ver muy mal al combo de Messi y sus amigos, que no jugaron mal hasta el primer gol de Brasil. Lo de después fue magia pura, el regreso de la alegría al fútbol suramericano.

De seguir así, serán favoritos para el mundial de Rusia y volverán a comandar la expedición continental. Ojalá el regreso de Brasil al fútbol espectáculo contagie pronto a los demás, en especial a Colombia, que cuenta con las herramientas para implementarlo, pero que parece se olvidó de ello.

 

 

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