Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Calentamiento: acciones, responsabilidades y oportunidades

En el marco de la tercera Comunicación Nacional de Cambio Climático se acaba de presentar el Inventario Nacional y Departamental de gases efecto invernadero.

El documento, publicado por el Ideam y el PNUD con recursos del Fondo para el Medio Ambiente Global (GEF por su sigla en inglés), es una importante herramienta para avanzar en el cumplimiento de los compromisos de Colombia, en el contexto del Acuerdo de París, de reducir en un 20 % las emisiones de gases efecto invernadero (GEI) para el 2030.

La posibilidad global de mitigar el calentamiento implica evaluar y controlar las emisiones y mantener los ecosistemas que absorben y almacenan carbono. Colombia tiene la opción de recibir transferencias por compensaciones, dado que aún conserva en bosque cerca del 50 % de su territorio.

Al revisar las cifras, vemos que la conversión de bosques naturales a pastizales y otros usos aporta el 36 % del total de emisiones a nivel país. Le sigue el sector agropecuario con el 26 % de las emisiones totales, sobresaliendo los gases emitidos por la actividad ganadera en sí misma, seguida por las emisiones asociadas al manejo de cultivos por quemas y uso de agroquímicos. Esto significa que la deforestación, la ganadería y la producción agrícola suman el 62 % del total de las emisiones. Por ello, Colombia debe hacer efectivo su poder para captar recursos internacionales que apoyen la reconversión productiva para que la deforestación y el sector agropecuario disminuyan su aporte de GEI.

Al ver estas cifras, no sorprende que los departamentos donde se concentran la deforestación y la actividad ganadera —Caquetá y Meta— aporten el 35 % del total de GEI que genera Colombia, aun cuando la canasta de consumo de su población no sea la que promueve la emisión de GEI. Mitigar es importante; adaptarnos es prioritario. La responsabilidad es compartida.

Hablemos de mitigación: las cifras nos obligan a pensar en una política seria y contundente relacionada con la deforestación y la producción ganadera. Máxime cuando buena parte de los territorios identificados como prioritarios para la construcción de la paz están en áreas de expansión de la frontera agropecuaria, donde lo tradicional ha sido deforestar para establecer ganadería extensiva. Una formula útil, pero no mágica, es el fomento de los ya probados sistemas silvopastoriles.

Según los proyectos Sistemas Silvopastoriles, Manejo de Ecosistemas y Pago por Servicios Ambientales —adelantado con recursos GEF en Colombia, Nicaragua y Costa Rica (2002-2008)— y el denominado Ganadería Colombiana Sostenible (2010-2017) —que incluye aportes GEF del Gobierno de la Gran Bretaña y el Banco Mundial—, los sistemas silvopastoriles (SSP) son una herramienta efectiva para transformar la actividad ganadera. Los SSP son más productivos, disminuyen la presión por transformar el bosque en praderas, generan un positivo balance por unidad productiva, en términos de emisiones de gases efecto invernadero, mediante la reconversión de praderas degradadas en áreas con árboles que contribuyen a la fijación de carbono y generan menores emisiones por unidad de producto en carne y leche al mejorar la dieta del ganado.

Los SSP son una opción para captar recursos internacionales asociados a la mitigación del cambio climático.

 

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