Por: Columnista invitado

Cambiar la dinámica en Oriente Medio

Esta semana entramos al cuadragésimo año desde que el presidente egipcio Anwar Sadat visitó Jerusalén. Allí pronunció un discurso histórico en el Parlamento israelí, el 20 de noviembre de 1977.

La decisión del presidente Sadat de reconocer a Israel y de entablar negociaciones directamente y sin condiciones previas fue el punto de inflexión que permitió que se concluyera el tratado de paz entre los dos países y se establecieran relaciones pacíficas y amistosas entre las dos naciones.

Lo que hoy se puede dar por sentado fue revolucionario hace 40 años. Egipto había liderado cuatro guerras durante 26 años contra Israel y el mundo árabe había rechazado cualquier contacto oficial con Israel durante todo ese tiempo. Fue con este telón de fondo que Sadat, con valentía, declaró que estaba dispuesto a ir, en sus propias palabras, “al fin del mundo” para hacer la paz entre las dos naciones. Sin embargo, no había necesidad de ir al extremo de la tierra, sino embarcarse en un vuelo muy corto desde El Cairo a Jerusalén, cosa que hizo.

El presidente Sadat tomó este paso sin precedentes porque entendió que la clave de la paz se encuentra en el reconocimiento mutuo y en el diálogo directo. Él vino a hablar con el pueblo israelí y a negociar con sus líderes sin condiciones previas. Sadat fue recibido con gran entusiasmo por el público israelí, que durante décadas había estado deseando la paz.

Junto con el primer ministro Begin, el presidente Sadat rompió lo que describió como “una barrera psicológica entre nosotros, una barrera de sospecha, una barrera de rechazo, una barrera de miedo”. La visita sin precedentes del presidente Sadat demostró cómo se puede lograr la paz una vez que un líder árabe reconoce a Israel y entabla negociaciones directas, respetuosas y fructíferas.

Sadat y Begin fueron galardonados con el Premio Nobel de la Paz en 1978. En su discurso de presentación, el presidente del Comité del Premio Nobel reconoció la importancia histórica de la visita, explicando: “La decisión (del presidente Sadat) de aceptar la invitación del primer ministro Menachem Begin del 17 de noviembre de 1977, para asistir a una reunión del Parlamento israelí el 19 de noviembre, fue un acto de gran valor, tanto desde el punto de vista personal como desde el punto de vista político. Esta fue una ruptura dramática con el pasado y un valioso paso adelante, hacia una nueva era”.

Tras el tratado de paz, y después de que Israel retiró todas sus fuerzas armadas y civiles de la península del Sinaí en 1982, ambos países establecieron relaciones diplomáticas plenas. A lo largo de las décadas transcurridas desde entonces, las relaciones han conocido altibajos, pero han resistido todos los contratiempos y continúan siendo tan importantes hoy en día para ambos países como nunca antes.

La lección fundamental del viaje de Sadat a Jerusalén se aplicó de nuevo en 1994, cuando el rey Hussein de Jordania prosiguió negociaciones directas, combinadas con un reconocimiento genuino de Israel y su lugar legítimo en la región, y trajo la reconciliación y la paz entre Israel y el reino Hachemita.

* MARCO SERMONETA, Embajador de Israel.

 

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