Por: Laura Juliana Muñoz

Carta al Niño Dios

Para empezar, lo que más quiero es ser niña de nuevo. Los niños viven como si fueran el primer hombre, o la primera mujer, se inventan todo. Pero eso no se puede, así que me iré por lo material, que es lo que más me hacía feliz de la Navidad.

Juguetes no, que ya se me hacen algo aburridos. Necesito algo que esté a la altura de mi imaginación, si es que acaso fuera niña. Un libro, por ejemplo. ¿Un libro para niños? ¿Los hay? A veces los libros para adultos se vuelven también para niños, como La isla del tesoro o Robinson Crusoe. O los de niños, para adultos, como Alicia en el País de las Maravillas.

Nada con vaquitas, perritos ni gatitos. Si acaso vacas sagradas, perros salvajes y gatos de un solo ojo. Las fábulas pueden ser grandes tratados filosóficos. El último día de su vida, Sócrates se dedicó a versificar a Esopo. La fantasía es una forma más de interpretar el mundo real. Nos hace pensar que podemos cambiar lo que no nos gusta, por eso mientras haya personas insatisfechas habrá fantasía. Ella nos libera.

Podría empezar con La peor señora del mundo, de Francisco Hinojosa. El autor me contó que hace años llevó este libro a una comuna golpeada por los carteles de la droga en Medellín y los niños identificaron en esa “señora” a la guerra. Al enfrentarla, aunque fuera simbólicamente, hicieron una pequeña catarsis.

Me gustaría también Los de arriba y los de abajo, de Paloma Valdivia, quien se preguntó sobre la idea de lo relativo. ¿Quién es el diferente? ¿El de arriba o el de abajo? Pues el de arriba… y el de abajo también. Hubiera sido bueno que desde pequeña entendiera que nada es del todo negro o blanco, verdad o mentira, bueno o malo.

Pediría Bisa Bea, Bisa Bel, de Ana María Machado, que habla sobre las distintas generaciones (de la hija a la bisabuela) y cómo es posible tener muy cerca a alguien que ya no está en este mundo. Hay, de hecho, un estupendo oxímoron para eso: lejana cercanía.

Y como de niña era muy glotona, yo quisiera, Niño Dios (porque al fin de cuentas esta carta era para ti, ¿verdad?), que trajeras también Corazón de león, de Antonio Ungar y Santiago Guevara (ilustración), Elefantes en el cuarto, de Sindy Elefante, Las aventuras de Diestéfano, de María Alexandra Cabrera y Julia Tovar (ilustración), y tantos más que no me caben en esta carta.

Solamente, no repares en que no hay plata para tantos libros. Un día le dije eso a mi sobrina y me respondió: “Pues compra plata”. Sí, los locos bajitos lo tienen todo claro.

 

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