Por: Columnista invitado

Carta a Caballero

El periodista Antonio Caballero con su prosa lúcida y valiente ha sido, para mí y para sus muchos lectores, un faro ético, toda vez que denuncia arbitrariedades y corrupciones de multinacionales, de gobernantes y de políticos de aquí y de allá. Justamente, por las resonancias de sus palabras en la conciencia del país, me atrevo a reclamarle que desista ya de su obstinación por las corridas de toros.

Por: Alberto López de Mesa*

Alega usted, don Antonio, que la tauromaquia es un arte, que es una ceremonia de mucha significación para la cultura. Sí, eso se sabe, pero la humanidad ya ha superado ceremonias indebidas a la sazón de la civilización: ya no se ofrecen sacrificios humanos a los dioses, ni se celebran inmolaciones públicas de animales y gladiadores como en el coliseo romano.

De niño, recuerdo la admiración de mi abuelo por “las verónicas” del legendario Palomo Linares, después yo mismo aplaudí “las naturales por la izquierda” del gran César Rincón. Aunque, en verdad, siempre salía de las corridas con la desazón de haber presenciado el crimen de un animal hermoso. Confieso que parte del encanto de asistir a las plazas de toros estaba en la fartedad de codearnos con los fanfarrones del jet set taurófilo (Fiel surtidor de hidalguía”, dice el pasodoble). Reconozco también que leí gustoso la poesía taurina de García Lorca, los panegíricos a toreros de Hemingway y algo suyo, don Antonio, sobre Pepe Cáceres ¿O sobre Monaguillo el toro que lo mató en Sogamoso? Admiro obras maestras de la pintura creadas al respecto por Goya y por Botero. Se han hecho esculturas, películas, obras de títeres y etcétera de exaltaciones al “arte” taurino, lo cual ya es suficiente para que dicho ritual perdure en la memoria cultural. Pero hasta ahí debe llegar su vigencia.

Comparto las increpaciones a los ecólatras facilistas que ofician sus panfletos los días de corridas obviando los atentados a la biodiversidad que cumplen multinacionales depredadoras en selvas y océanos, también al oportunismo de alcaldes que adoptan el tema a favor o en contra según les convenga para engatusar a sus prosélitos. Pero esta misiva, don Antonio, es una exhortación sincera para que oriente su pluma con asertividad a favor de las nuevas generaciones ajenas a la tauromaquia que claman por una cultura mundial de respeto a la vida.

 Así, todos podemos saborear un churrasco sin exhibir el sacrificio del vacuno. 

*Alberto López de Mesa, arquitecto y habitante de calle

 

 

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