Por: José Fernando Isaza

Carta

Señor,

Expresidente de la República

Andrés Pastrana A.

Respetado señor expresidente

Voy a utilizar esta columna de opinión para hacer públicas algunas de las inquietudes que me surgen sobre su decisión de apoyar el No en el plebiscito.

Durante su campaña para la Presidencia y en los primeros años de su ejercicio como primer mandatario de los colombianos, su política fue buscar una solución negociada con la guerrilla de las Farc. Era el reconocimiento de que la solución militar o era imposible o los costos en vidas, no solo de las fuerzas armadas enfrentadas, sino de los civiles que sufrirían los daños colaterales, solo llevarían más muertes, dolor y miseria.

No es el momento de analizar por qué este camino no tuvo éxito. Además de la falta de realismo político de las Farc que no comprendieron los cambios que se daban en el mundo, el fin del estalinismo, la caída del muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética. Tampoco estuvieron ausentes en el fin de la negociación los que en procesos de paz anteriores Otto Morales llamaba los enemigos de la paz. Enemigos muy poderosos.

Las negociaciones en medio del fuego necesariamente traerían, como efectivamente ocurrió, situaciones inmanejables. La continuación por parte de la guerrilla del secuestro y extorsión destruía el apoyo de la sociedad al proceso de la negociación.

Algunos aspectos positivos durante la negociación parecen haberse olvidado: se obligó a la guerrilla a que manifestara claramente, ante la comunidad nacional e internacional, los motivos y objetivos de su lucha. Que justificaran lo injustificable, el daño de la población no combatiente como producto de mezclar las armas con la acción política. No era en ese momento, ni lo es hoy, el tiempo de obtener el poder por la vía armada. Varias veces Fidel Castro ha manifestado que en el tránsito del siglo XX al XXI, la situación geopolítica es bien diferente de la que permitió el triunfo de la revolución cubana.

Durante el proceso afloró la división entre un ala militarista de las Farc, que gracias al impuesto de “gramaje” obtenía financiación para las armas, y la civilista, que buscaba una reivindicación histórica que les permitiera integrarse a la sociedad. El discurso de Manuel Marulanda en el inicio de las negociaciones, que fue leído por Reyes, era claro en el sentido de que unos campesinos fueron atacados injustamente el 18 de mayo de 1964. Los guerrilleros civilistas planteaban tres puntos como inamovibles para la firma de la paz, la reivindicación histórica por el ataque a Marquetalia y por el genocidio de la Unión Patriótica y el derecho de participar en política luego de una amplia amnistía. Durante la negociación, como usted lo recuerda, se le fueron colgando otros puntos como si se tratara de un árbol de navidad.

Hoy el país está más cerca que nunca de poner fin a más de 60 años de absurda y costosa guerra, en buena parte gracias a que usted como presidente reconoció que el camino del diálogo, aunque difícil y tortuoso, ahorraría miles de muertos y sufrimientos. Usted como presidente no hizo de la venganza una política de Estado. Permita que la historia y sus ciudadanos lo recuerden como un artífice de la paz y no como un obstáculo para lograr un futuro mejor que Colombia se merece.

Con aprecio,

José Fernando Isaza D.

 

 

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