Por: Yohir Akerman

Cartilla

Se equivocó el gobierno del presidente Juan Manuel Santos, en especial la cartera de la ministra Gina Parody, con el manejo del escándalo levantado por la cartilla titulada ‘Ambientes escolares libres de discriminación’ que incluía temas de orientación sexual. Se equivocó.

Pero no por haber contratado a la ONU para que el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Fondo para la Infancia de las Naciones Unidas (Unicef) ayudaran a construir la cartilla que hablaba de una realidad de la sociedad y es que hay parejas de dos mamás o de dos papás. No.

Ni por estar acatando la ley 1482 de 2011 y las directrices de la Corte Constitucional que fueron emitidas en septiembre del año pasado tras el fallo de tutela T-478 de 2015 interpuesta por Alba Reyes, madre de Sergio Urrego, quien se quitó la vida por ser víctima de discriminación sexual en el colegio Castillo Campestre. No.

El gobierno se equivocó porque cuando la situación se escaló y se generaron los ataques y las marchas impulsadas por la Iglesia Católica, el Procurador Alejandro Ordóñez y otros sectores conservadores de la sociedad, el presidente Santos anunció que no acogería la guía y terminó cediendo un terreno muy importante para la comunidad LGTBI.

Sin duda los defensores de la discriminación tienen derecho a expresar sus opiniones. Sin duda. Pero el problema fueron las aberrantes mentiras que se usaron para movilizar a la gente a las marchas, las demostraciones masivas de prejuicios falsos y homofobia, y el poder que sigue ejerciendo, casi de manera extorsiva, la Iglesia Católica sobre un gobierno que maneja un Estado laico.  

Para los defensores de la discriminación es preferible que el matoneo siga en los colegios, a que se incluya en una cartilla de educación que una pareja también puede ser formada por dos mamás o dos papás.

Para la Procuraduría, todo parece indicar que es mejor que sigan ocurriendo suicidios lamentables como el de Sergio Urrego ocasionados por la ignorancia de los estudiantes y el mal manejo de los colegios, con tal de no ceder ante el peligro de que en un ente educativo se diga la palabra homosexual.

Y finalmente para la Iglesia es mejor seguir catalogando la homosexualidad como una enfermedad y por consiguiente discriminando a la comunidad LGTBI pero, por el otro lado, protegiendo a algunos curas pederastas que violentan la vida de niños indefensos.

Terrible.

Sobre todo porque se les olvida que a nadie se le puede educar para ser homosexual o heterosexual. Como a nadie se le puede educar para ser blanco o negro. Se puede tratar de imponer, pero la historia ya ha demostrado el daño que eso puede hacer en las poblaciones indefensas.

Lo que sí se puede enseñar es a no discriminar, a no tener prejuicios, a no ser racista o a respetar la creencia y preferencias de los demás. De ahí la importancia de la cartilla.

Pero el gobierno en este tema mató el tigre y se asustó con el cuero. Puesto que por un lado se le olvidó que somos un Estado laico y los planteamientos de la Iglesia son importantes, pero solo para sus devotos, y por el otro, ante la oportunidad de tener una ministra en esa cartera orgullosa de sus preferencias sexuales, quien en carne propia puede hablar de lo difícil que puede ser crecer en la Costa cuando se es homosexual, se comportaron como si eso fuera el problema y no la solución.

A la ministra la atacaron con mentiras, con histeria homofóbica, con temas personales y por eso el gobierno terminó alejándose de eso en vez de afrontar la fortaleza que es tener una mujer ministra de Educación, que abiertamente es homosexual.

La homosexualidad de la ministra es la ventaja, y no la debilidad. Ella trató de manejar el mensaje que sus preferencias sexuales no importaban, pero por el contrario al tratar de bajarle el volumen a eso, lo que está haciendo es ver la homosexualidad como una debilidad, que no es.

El sesgo de la Iglesia, la Procuraduría y los otros sectores de la extrema derecha que respondieron de manera homofóbica ante este debate era esperable. Lo que no era y no es, es que la ministra gay, se sienta atacada cuando le dicen que es gay. Se equivocó el gobierno y se equivocó Parody.

@yohirakerman

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